Connect with us

Sin categoría

El adiós de Messi a la selección: Se despidió como mejor sabe, repartiendo alegrías y lágrimas

El crack cerró un ciclo memorable en una noche ideal, rodeado de sus amigos, familiares e hinchas. Y como para no perder la costumbre, metió un gol y dos asistencias. Por último, cuando le tocó agarrar el micrófono, hasta hizo de comediante: “Hoy hablé más que nunca”.

Publicado hace

el

“Hay muchas emociones, se me ocurren un montón de cosas. Lo primero que pienso es en mi viejo... No queda más que agradecer. Defender esta camiseta por más de 20 años, hasta en los peores momentos. El no venir más es un dolor muy grande. Jugar en la Selección Argentina es lo más lindo que me pudo pasar”, dijo Lionel Messi y enamoró.

Y sí, un día se terminó. Leo jugó su último partido con la Selección. Él lagrimeó, sus compañeros lagrimearon y su familia también, como los hinchas en el Monumental y seguramente miles de televidentes alrededor del mundo. El tiempo de la despedida era cosa sabida desde antes del Mundial y ni hablar después de la final. Nadie en su sano juicio podía fingir sorpresa ni aducir no estar preparado, pero aun así lo sucedido este martes en el Monumental fue un golpazo, sin importar lo preanunciado. Como si existiera un contrato tácito entre el crack y los argentinos en el cual el primero se comprometió a hacer un tipo de magia nunca antes visto durante 21 años y su público, consciente de que tal cosa (supuestamente) no existe, suspendiera la incredulidad cuando haya partido y le devolviera siempre un gesto de asombro o emoción, sin importar cuán obvio fuera el desenlace.

En sus comienzos, con la melena al viento y afeitado al ras, estacionado sobre el córner derecho, esas magias fueron sus enganches hacia el centro y latigazos de zurda. Evidentes para los analistas. Inmarcables para los defensores. Fascinantes para todos, siempre. Los títulos se fueron acumulando, los fanáticos también y el ídolo se fue reinventando. Pasó a ser un genio asistidor, un jugador más cerebral; hasta dominó el arte del tiro libre y se terminó transformando en líder, cosa que pocos presagiaban. Lo que no cambió fue la devoción de sus fanáticos, cumpliendo el trato siempre al pie de la letra.

Llamado por el destino a tomar la posta de Diego Armando Maradona, Messi se comprometió desde el inicio a llevar a la Selección a lo más alto y, más tarde que temprano -porque lo bueno lleva tiempo-, cumplió. Desde que puso la firma para defender la camiseta albiceleste hasta este amistoso casi homenaje contra los voluntariosos muchachos de Benín -muy aplaudidos por cierto-, los únicos que faltaron a su palabra en esta historia si nos guiamos por lo dicho por el central Tijani mientras compraba mates en el centro hace unos días (“a Messi no hay que marcarlo”). Al crack se la hicieron bien difícil, sobre todo el arquero Dandjinou, quien le sacó dos lindos tiros libres -y varias más- hasta que no pudo hacer nada con el penalazo del 3-0 final: gol número 126 para cerrar la noche con su mejor sonrisa. De todos modos, el capitán ya se las había ingeniado para anotarse dos asistencias. Es decir, lo que mejor sabe: regalar alegrías. La primera fue a Otamendi, la segunda a Nico Paz. Uno que se va -y vaya despedida la suya- y otro que viene y muy fuerte.

Pocas veces se rompió ese contrato. Acaso una de esas haya sido la trágica noche de renuncia post Copa América. Otra, mucho más feliz, podría considerarse su transición a salvador. La opinión se divide en cuanto a cuándo fue, si con México en fase de grupos de Qatar ‘22 o contra Australia en octavos de final, cuando convirtió su primer gol en una segunda fase mundialista y cruzó un umbral que parecía maldito para no pegar la vuelta hasta levantar la “tercera”. Sea cual fuere, ahí pasó de figura a héroe legendario y protagonista de épicas, las más disparatadas en el último Mundial. El triplete contra Argelia, la remontada contra Egipto y la patriada inmortal sobre Inglaterra, acompañado de un festejo de rodillas que emocionó hasta al menos creyente. A partir de ahí, la admiración fue genuina, inevitable, hasta brotó de los más incrédulos sin depender de ningún contrato.

La cuestión ahora será: sin nuestro salvador, ¿qué chapulín podrá ayudarnos en lo que venga? Pocas veces un plantel quedó tan bien parado después de una salida así de refundacional. Un grupo de referentes de nivel mundial de un lado y del otro, uno de jóvenes que prometen y mucho, ya despuntando en el fútbol extranjero. Y los que seguramente vendrán... Messi levantó la vara como nunca, pero para bien. Los futuros cracks de la Selección aspirarán a un techo quizá inalcanzable, pero con rozarlo por un rato, acaso sea suficiente para repetir la gloria de estos años.

Por lo pronto, quienes la tendrán un poco más difícil serán sus contemporáneos, los hinchas de a pie. Sean niños y niñas que ya se hicieron virales en las redes sociales por sus gestos de amor hacia el ídolo, o grandulones y grandulonas de cuarentilargos que crecieron junto a él. Si como suele decirse, la vida se ordena por Mundiales, la de muchos y muchas se rigió por un calendario messista. Y si volverse viejo es ir perdiendo la capacidad de asombro, la despedida de Leo se llevará una gran parte de esa virtud para que el contrato finalmente pueda considerarse cumplido. Pero ojo, no sea cosa que todavía haya un capítulo más en la carrera del crack y nuestro fútbol. Total, si algo nos enseñó Messi es que siempre puede sorprendernos.

Por Cristian Dellocchio

MÁS LEÍDAS

Director Editorial: Gabriel Link | Diseño y Edición: Bruno Battistel
Registro de Propiedad Intelectual: En trámite
Año 2024 - Paso de los Libres, Corrientes, Argentina