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Economía

La burbuja de Javier Milei

Según el relato oficial, el empleo crece, el salario sube, monotributistas eligen serlo y la reelección generará formalización. Los datos muestran otra cosa.

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Javier Milei creó 500.000 empleos, mantiene la tasa de desocupación debajo del promedio histórico y le da la posibilidad de ser independientes a 4,7 millones de monotributistas que eligen trabajar con esa libertad. También permite que quienes quieran trabajar ocho horas diarias o más lo hagan -nadie quiere trabajar menos-, gracias al banco de horas de la reforma laboral.

Así comenzaría una nota que quiera resaltar la visión del Gobierno sobre el mercado laboral. Los conceptos surgen de discursos que Milei, Toto Caputo y el secretario de Trabajo, Julio Cordero, repitieron esta semana en Washington, en Bangkok y en el Congreso.

El problema es que el relato del Gobierno choca de frente con los datos oficiales y expone la distancia entre la construcción celebratoria que Milei y su entorno hacen de sí mismos y el humor de los votantes que reflejan las encuestas, a un año de las elecciones presidenciales.

El desempleo y la crisis de ingresos de las familias encabezan todos los sondeos de opinión desde hace semanas.
Javier Milei, el global champion

“Con toda esta reasignación de recursos, ¿qué pasó con el nivel de empleo?”, se pregunto Milei en la Cámara de Comercio de Estados Unidos, al recibir el premio Global champion of free enterprise (Campeón global de la libre empresa). “Bueno, la tasa natural de desempleo histórico en Argentina está en torno al 10%. Actualmente está debajo del 8%, con lo cual Argentina tampoco tiene un problema con el empleo”, se respondió.

Para el Presidente, el 44,2% de empleo informal que relevó el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) hasta el segundo trimestre es “un cambio en la composición del empleo como consecuencia de los cambios estructurales”. En ese contexto, continuó, “alguien (que) pueda tener dudas sobre si los argentinos van a validar o no el cambio, toma decisiones transitorias”.

La informalidad, entonces, sería algo pasajero. Habría empresas generando empleo irregular (a pesar de la reforma laboral que flexibilizó las condiciones de contratación y despido). Cabe preguntarse por qué, con esta sospecha, Milei no envía a la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) y a la Secretaría de Trabajo a fiscalizar condiciones laborales. Pero el Presidente anticipa una formalización masiva si resulta reelecto.

Los datos sugieren otra cosa. El informe sobre Generación del ingreso e insumo de mano de obra del INDEC, publicado este jueves, detalló que el empleo asalariado informal creció 0,5% interanual en el segundo trimestre, mientras que el empleo no asalariado o independiente saltó 3,9% interanual.

Hay seis millones de trabajadores no asalariados, de los cuales 4,7 millones son monotributistas y una porción mínima autónomos. El empleo independiente ya representa el 27% del total, según las estadísticas oficiales. Es este tipo de trabajo, vinculado a emprendimientos y changas, el que explica la mayor parte de los nuevos empleos que Milei celebra.

Cordero Suelto
El secretario de Trabajo fue al Congreso a defender el proyecto de Presupuesto 2027 y dejó definiciones que sintonizan con el discurso del Presidente.

“No todo el mundo quiere trabajar en relación de dependencia, con las obligaciones que ello conlleva”, dijo Cordero. “No todo el mundo quiere poner todo su tiempo a disposición de un empleador que lo dirige y que tiene una potestad sancionatoria. Hay algunas personas que quieren ser autónomas, que quieren tener la libertad de contar con un trabajo por cuenta propia”, añadió.

Luego, destacó que “la gente votó dolarización” y “hoy la gente puede convertir sus pesos en dólares de manera libre y, cuando uno mira el desarrollo del salario (formal), ve que el promedio, en noviembre de 2023, era de aproximadamente 500 dólares y hoy es de 1500 dólares reales”.

Cordero tomó el salario promedio bruto del sector privado, superior a los $2,3 millones y lo comparó con los dólares que podía comprar un asalariado al tipo de cambio paralelo en noviembre de 2023, sin tener en cuenta la inflación en dólares desde entonces.

Más allá de eso, las dos definiciones son contradictorias. Porque casi el 70% de los monotributistas “puros” están inscriptos en las categorías A y B, con ingresos brutos de hasta $1,5 millones por mes, muy inferiores al salario promedio registrado.

Mientras Cordero hablaba en la Cámara de Diputados, la Secretaría de Trabajo publicaba estadísticas que daban cuenta de una nueva destrucción de empleos registrados en julio. Durante el gobierno de Milei se destruyeron 370.343 empleos formales asalariados. La caída de puestos asalariados formales lleva 14 meses seguidos y no se detuvo ni con la reforma laboral.

Cordero y el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, creen que la gente es monotributista porque quiere. Que prefiere administrar sus tiempos y pagar comparativamente menos impuestos que los que tributa un asalariado formal. Si bien hay una porción de profesionales que eligen esa vía, los datos muestran que es menor.

Libres y pluriempleados
Un estudio de la consultora C-P y Friedrich Ebert Stiftung analiza el crecimiento del pluriempleo entre 2017 y 2025 y llega a una conclusión distinta, en base a datos del INDEC. El informe distingue entre el pluriempleo “tradicional” y el “emergente”.

El primero está conformado por sectores como la Educación, la Salud y el Servicio doméstico, muy feminizados, en el que la pluralidad de empleos es la norma. El segundo, dominado por trabajadores jóvenes, responde a transformaciones tecnológicas y de flexibilidad y a la necesidad de compensar la pérdida de poder adquisitivo con más horas de trabajo.

Hay, dicen especialistas, un pluriempleo emergente “cuello azul”, asociado a la necesidad de generar más ingresos por la pérdida de poder adquisitivo, y otro “cuello blanco”, vinculado a profesionales que eligen esa flexibilidad.

En un universo de 2,24 millones de pluriempleados, sigue el informe, hay 1,18 millones de trabajadores en sectores “tradicionales” y 1,07 millones en ramas “emergentes”. Entre los emergentes, a su vez, 777.060 son de “cuello azul”: empleos de menor calificación para complementar ingresos (muchos tomados por empleados de la administración pública que no llegan a fin de mes). Los 292.921 restantes son trabajadores de “cuello blanco”: profesionales de servicios de tecnología, entretenimiento y otros con ingresos comparativamente mayores.

“Los sectores de menor ingreso motorizaron el aumento del pluriempleo, lo cual sugiere la importancia de la crisis de ingresos. Los de cuello blanco duplicaron su tasa específica, lo que resalta la búsqueda de flexibilidad o de mayor ambición”, concluyó el informe.

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