Economía
Deja vú de la crisis macrista: La interna de Caputo y Sturzenegger pone en tensión la economía
Los reportes de actividad e ingresos alteran al jefe de Hacienda, que apretó a la UIA para evitar críticas fuertes. El Desregulador le dice a Milei que sostenga el ajuste y le habla mal de “Toto”. El fantasma del macrismo fallido atraviesa a LLA.
“La etapa diagnóstica terminó”, Milei y su contexto “es lo que hay”. La sociedad es dual, con un quiebre evidente entre ricos y pobres. Y el consumo en la era libertaria es “estoico”, basado en los principios de “Séneca, Marco Aurelio o Epícteto”: “Autocontrol, moderación, frugalidad, disciplina, razón y virtud”. El consultor de consumo masivo favorito de los empresarios, habitante frecuente de los ejemplos curiosos, escribió ese diagnóstico general en su último reporte a clientes. Guillermo Oliveto ilustró la era del gasto hogareño que, según él, empezó en 2024 -primer año duro de la crisis económica de Javier Milei-, con una imagen de El Pensador, la obra de Rodin. Un hombre que medita desnudo, de cara a la nada. Como ante un conflicto existencial. Más adelante, se alerta con datos que la mayor baja de ingresos está en el Conurbano, otro riesgo para Milei porque allí parece albergarse el germen de una posible derrota en el 2027. Todo indica que el veneno que amenaza con terminar con los libertarios es, más que nada, el bolsillo, el consumo, el no llegar a fin de mes. No hay misterios ni épicas de oportunidad que lo tapen.
Oliveto no es un crítico de las estructuras económicas liberales. No tiene por qué serlo. Sus informes suelen graficar bastante bien el clima general de la microeconomía. El envío de agosto va en esa línea y tiene un concepto revolucionario para los análisis del Círculo Rojo. Esa idea de que en el Gobierno no hay más que esto y que la sociedad debe amoldarse o morir en el intento. La consultora W refiere al consumo, a los desafíos de las familias, una idea que conecta con un problema que tiene La libertad Avanza: se está pareciendo de manera peligrosa a la peor parte del gobierno de Mauricio Macri. Misma crisis de tarifas, peor crisis de consumo y, lo más importante en el marco de esa crisis, el mismo debate sobre cómo salir de ella. Y con los mismos actores que fracasaron en aquel ajuste.
Fue el propio Ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, el primero en marcar la cancha con esa idea. En el artículo que publicó la semana pasada en un matutino, sentó posición. Primero tergiversó los resultados de la economía PRO para cubrirse, pero luego advirtió que no haber sostenido un ajuste violento desde junio del 2018 generó la salida del gobierno de Macri. Por estos días, Sturzenegger visita más asiduamente que nunca al Presidente, en persona o por teléfono. Le habla mal de Caputo y sus políticas y avisa que Macri pereció porque tuvo temor “cuando había que acelerar”. Envidia Federico, dicen, los logros de trader que Caputo asegura tener. Y anhela como pocos caminar, con cargo, por los pasillos del Quinto Piso del Ministerio de Hacienda. “Toto”, por su parte, se juramentó ante Milei seguir “hasta diciembre del 2027”. El poder económico parece laudar a favor de Caputo, porque entienden que, en la etapa más crítica del Gobierno, “Sturzenegger es leña al fuego”.
A diferencia de Macri, Milei está más inclinado hacia el lado de Sturzenegger, a quien Mauricio echó del Gobierno en 2018 por el fracaso en la gestión en el Banco Central. Caputo era secretario de Finanzas y ya se odiaban. Había, relatan, una cuestión respecto a la formación. Sturzenegger, un académico de Harvard, un fundamentalista sin empleo real conocido. Esto último, lo ultra, es lo que lo conecta con Milei. Caputo, por su parte, fue y es un gestor de mesas de dinero con una carrera exitosa en la banca internacional, que además desprecia a los académicos. “Toto” se unió a Milei, cuentan los que los frecuentan, desde lo religioso. Literal. Justo lo que Sturzenegger aborrece.
Para diferenciarlo en estos días y mostrarlo algo más cerca del mundo real, los que quieren a Caputo recuerdan que él cursó economía en la UBA con el ex alcalde Horacio Rodríguez Larreta y con Mario Quintana, el dueño del fondo Pegasus y ex funcionario PRO. La pelea de Federico y Toto es fuerte, una vez más, como aquel junio del 18 donde Marcos Peña echó a Sturzenegger del Banco Central y sostuvo a Caputo en la secretaría de Finanzas. Luego, el propio Fondo Monetario (FMI) denostó a Sturzenegger y se abrazó a Caputo. Desde entonces, el “Coloso” tiene la vendetta a flor de piel. La crisis lo favorece en el intento de embestida.
El “Coloso” aprieta, Techint también
El problema que hoy tiene es que el juego a Caputo le es adverso y Sturzenegger aprieta. Toto, relatan, está nervioso, alterado. La crisis se impone y los ceos inician una guerra incipiente. Como en las películas, el jueves, mientras el titular de la UIA, Martín Rappallini, hablaba en la celebración del día fabril, estallaron los celulares de los presentes con una declaración bomba de uno de los vices de la entidad. “Es un trader, no sabe lo que es una fábrica”, dijo Guillermo Moretti, el químico santafecino que es crítico del Gobierno.
En la primera fila del evento, en el laboratorio de Hugo Sigaman, el secretario de Producción, Pablo Lavigne, recibió el mismo mensaje. A la salida, lo agarró a Rappallini y le pidió que moderara a Moretti. Luego, más tarde, el dueño de Cerámica Alberdi, muy cercano al Gobierno, recibió un llamado de Caputo que, enojado, le planteaba que no podían darse esas declaraciones. A la tarde, Rappallini fue a la televisión y les pegó a Moretti y a la Federación de Santa Fe de una manera anormal. “Piden diálogo y luego hacen esto”, deslizó en la nota. Sin mayores códigos que la obediencia a la recomendación oficial.
Quizás, apuntan los que saben, el desbarajuste de la dirigencia industrial se deba a la crisis interna de un Rocca corrido del manejo político de Techint. Desde que Paolo no tiene a Luis Betnaza, su lugarteniente histórico, la cosa no anda fina. Betnaza era un bicho del establishment simpático, duro, pero negociador. Sus sucesores no logran representar lo que Paolo quiere. David Uriburu, vice de entidad, tiene una disputa silenciosa con Alejandro Gentile, otro hombre de Techint que quedó a cargo de la Unión Industrial de la Provincia (UIPBA) y fue uno de los que digitó la no invitación del gobernador Axel Kicillof al evento industrial que se celebró en Los Polvorines.
Lo que Rocca no está logrando es ordenar el frente político ante un Gobierno, el de Milei, que lo desafía con una virulencia sin límites. Lo único que frenan los lugartenientes de Paolo es cualquier intento de la UIA de acercarse a candidatos opositores del PJ. Para el dueño de la “T”, eso es bastante poco.
En este sentido, ocurrió otro hecho que muestra ese problema de falta de conducción o, mejor dicho, de un representante que, como Betnaza, comande el lobby sin errores. El viernes al mediodía, en la Secretaría de Producción y Comercio hubo una reunión en la que se debatió cómo avanzar en un acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y un bloque de países entre los que están Japón, India, Corea y Vietnam. Participaron dirigentes de UIA, de economías regionales y gerentes de la Coordinadora de Productores de Alimentos (COPAL). Todo venía tranquilo hasta que llegó el tema de que Brasil no quiere una apertura económica en año electoral en el que Lula define su continuidad en el poder. Carolina Cuenca, la secretaria de Comercio Exterior, recibió una pregunta insistente. “¿Qué va a pasar con la chapa en Brasil?”. El cuestionamiento vino de parte de una enviada de Techint. Le dijo la empresaria, una cuarta línea del holding, que ellos operan allá y necesitan saber. “A ver, decime directo, ¿qué es lo que quiere Techint?”, le respondió Cuenca a la enviada de Paolo Rocca, ya impaciente. La empresaria ni se mosqueó y fue al grano: “el problema es la chapa de la India”, le blanqueó. La “T” sabe lo que quiere, pero la interferencia política es hoy muy compleja y la relación con Brasil no es la mejor.
¿En el Conurbano se incuba la derrota?
La consultora W y también Scentia aportan datos, sin intencionalidad política ni la idea de distinguirlos o resaltarlos, que reflejan que el Conurbano bonaerense está teniendo el mayor problema en la crisis nacional de Milei.
Scentia precisa, en los microdatos que les hace llegar a clientes, que “la capacidad de compra y territorio dictan las normas”. En CABA consume la clase alta “pocos ítems de mayor valor por unidad”. En el Conurbano y el Interior, en tanto, “máxima cantidad de unidades al menor precio posible”. Algo de eso le advirtió a Milei uno de sus economistas preferidos, Ricardo Arriazu, que sigue diciéndoles a sus clientes que el Conurbano “es una bomba”.
El problema en la región, donde hay 4 de 10 votos nacionales, es que el ingreso está peor que en el resto del país, es decir, la crisis se siente más. En los sondeos que maneja la Casa Rosada se ve que la gente culpa al Presidente, cuando la Rosada pretendía que se lo atribuyeran a Kicillof. En el informe del consumo “estoico” de la consultora de Olivetto, se plantea una pirámide de ingresos en la cual la cúpula es sólo el 5 por ciento de la población y el segmento tiene una base de ingresos piso familiar de 7,5 millones de pesos y promedio de 12,5 millones. Esa es la “clase alta”.
El asunto allí es que en la Ciudad de Buenas Aires ese 5 es un 11 por ciento, es decir, hay más clase alta. Mientras que, en el Gran Buenos Aires, la clase alta es sólo el 3 por ciento. CABA tiene 3.100.000 habitantes, el GBA 12 millones. Además, la “clase baja”, que en el país es el 21 por ciento de los hogares o el 28 por ciento de la población, según W, en CABA es del 7 y en el GBA del 25. La clase baja, sumada a la clase baja superior, llegan al 50 por ciento de la gente en el Conurbano. Esos segmentos tienen ingresos promedio entre 900 mil y 1,9 millones de pesos.
Por Leandro Renou para Página/12
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