Economía
El gobierno de Milei ya es el de peores cifras de inversión en toda la historia democrática
Desde 1993 no se veía un PBI creciendo con caída de desembolsos y destrucción de empleo. Hay una mejora económica moderada, con doce meses consecutivos de caída de las inversiones.
El modelo económico de Javier Milei eligió ganadores y perdedores, sectores a los que se benefició y que empujan la economía en lo numérico. Pero el 80 por ciento de la actividad, la que se siente en la calle y en actividades productivas, sigue parada y eso se ve en dos cifras clave: la inversión y la creación de puestos de trabajo caen, incluso con ayudas muy fuertes del Estado al sector privado concentrado. Dos consultoras importantes alertaron en las últimas horas que el período libertario es el peor en décadas en materia de inversiones, lo que sintetiza una economía que no le da estímulos al sector privado para poner dinero, abrir comercios, industrias o invertir en proyectos determinados. Estos estudios, que muestran números, confirman la perspectiva histórica de que el de Milei es el gobierno de la democracia con menor nivel de inversión privada.
La consultora Equilibra, que comanda Martín Rapetti, advirtió que el PBI en el primer trimestre del año “creció más de lo esperado”, pero el dato llamativo es que la inversión cayó 11,6 por ciento interanual y 1,7 por ciento intermensual, acumulando “cuatro trimestres consecutivos de baja sin estacionalidad”. Y aclaran que esto se da en un marco de fuertes beneficios estatales a los grandes capitales, como el RIGI, las desregulaciones y bajas de impuestos.
Lorenzo Sigaut Gravina, economista de Equilibra, dio un dato aún más relevante para darle contexto a la actividad en la era Milei. “Desde 1993 nunca se observaron 4 trimestres consecutivos de caída de la inversión con expansión del PBI. No es casual que haya menos empleo formal”, manifestó. Este punto es interesante porque relaciona la crisis de inversiones con la pérdida de puestos de trabajo formales y la creación de empleo basura en aplicaciones.
Cita allí Sigaut que las caídas de inversión se dieron en episodios traumáticos, como las crisis de Tequila, Vodka-Caipirinha, el colapso de la Convertibilidad, la crisis de la hipotecas de los Estados Unidos, la devaluación de Kicillof ministro, la crisis de deuda de Mauricio Macri, la pandemia y la devaluación con motosierra del inicio de gobierno de Milei. Pero nunca ocurrieron con un PBI con número positivo.
“Esta anomalía se explica porque la economía no es una, sino el promedio de varios sectores. A diferencia de un proceso de expansión típico, en el que la mayoría de los sectores crecen, hoy se expanden unos pocos sectores y el resto está estancado o se retrae. Por eso, sube el PBI y se contra la inversión y el empleo privado formal”, concluyó Rapetti.
La expectativa es un motor apagado
La consultora Misión Productiva, que comandan Martín Alfie y el sociólogo Daniel Schteingart precisó que “la economía exhibe un crecimiento moderado impulsado principalmente por las exportaciones y algunos sectores vinculados a recursos naturales, pero sin lograr generar un clima generalizado de expansión productiva”.
Y que “la inversión es una variable particularmente sensible a las expectativas. Las empresas invierten cuando perciben oportunidades de crecimiento futuro, demanda creciente, acceso al financiamiento y reglas previsibles. Hoy, buena parte de esas condiciones siguen ausentes”. Este punto ya había sido reflejado, también, por otra consultora, Orlando Ferreres y Asociados que viene haciendo un seguimiento pormenorizado de la caída en la inversión.
Cinco problemas
En este sentido, Misión Productiva identifica una serie de problemas que explican la no inversión. El primero, argumentan, “es la debilidad de la demanda. La masa de ingresos formales se encuentra cerca de un 10% por debajo de los niveles de noviembre de 2023 y permanece estancada en niveles históricamente bajos. Esto implica una menor capacidad de consumo para amplios sectores de la población y reduce los incentivos para ampliar la capacidad productiva”.
La paralización de la obra pública es otra de las razones. “La inversión pública constituye históricamente una parte relevante de la inversión total de la economía. En Argentina, dependiendo del período analizado, suele representar entre 2% y 3% del PIB y alrededor del 10% al 15% de la inversión total”, precisaron. Y agregaron que “la decisión del Gobierno nacional de paralizar prácticamente la totalidad de la obra pública generó un impacto directo sobre la inversión agregada. No se trata solamente de rutas, viviendas o infraestructura energética que dejaron de construirse. También se frenaron compras de maquinaria, servicios profesionales, transporte, insumos industriales y múltiples cadenas proveedoras”.
No compensa lo público la construcción privada. El trabajo detalla que “en otros momentos de la historia económica argentina, la construcción privada actuó como compensación cuando la inversión pública retrocedía. Hoy eso tampoco está ocurriendo”.
Explican en Misión que “los elevados costos de construcción medidos en dólares reducen la rentabilidad esperada de nuevos proyectos inmobiliarios. A esto se suma un mercado con demanda limitada y un crédito hipotecario que, pese a cierta recuperación inicial, continúa siendo pequeño para los estándares internacionales”.
Otro de los factores que detalla la debilidad de la inversión es la falta de financiamiento productivo. “Argentina mantiene uno de los niveles de crédito al sector privado más bajos de América Latina. A pesar de la normalización macroeconómica parcial observada en los últimos meses, el sistema financiero todavía no logró transformarse en una fuente relevante de financiamiento para proyectos de inversión de largo plazo”, argumentaron.
En paralelo, “se suma la ausencia de programas específicos de promoción de inversiones, líneas subsidiadas, garantías, esquemas de financiamiento sectorial o instrumentos de banca de desarrollo que acompañen procesos de modernización productiva”.
El último punto de problema para invertir es, quizás, el más interesante". Misión Productiva afirma que, “finalmente, la inversión sigue condicionada por la incertidumbre. Si bien algunos indicadores financieros muestran mejoras respecto de años anteriores, las decisiones de inversión productiva suelen tomarse con horizontes de cinco, diez o incluso veinte años. Para muchos inversores todavía persisten interrogantes relevantes sobre la sostenibilidad futura del esquema económico”.
Por Leandro Renou para Página/12
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