Opinión
Eduardo Aliverti: Una oposición cada día más desafiada
En unos pocos días, el Gobierno ratificó con desvergüenza que domina el escenario publicado. Manejo de la agenda no es lo mismo que consenso favorable, de todos modos. Pero la oposición vuelve a ser desafiada, en forma crecida, acerca de si podrá trazar una hoja de ruta diferente.
Los Hermanos, sus publicistas, las capacidades para reaccionar con efectismos cuando todo indicaría que tienen la popularidad en el punto más bajo de su gestión, la firmeza para acelerar con más brutalidad todavía, deben respetarse nunca en el sentido moral, pero sí en la acción política.
No cabe subestimarlos ni prenderse a los estiletes facilistas, del tipo de la hija de Videla y adyacencias que sugirió en un posteo el desequilibrio mental del Presidente.
Usó la cadena nacional para proyectar la intervención del Banco Central, en el que iba a colocar explosivos a pronto de asumido. Firmó un decreto xenófobo a tono con topetear a “la campaña antiargentina”, posterior al invento repugnante de que los estudiantes universitarios extranjeros están comiéndonos el hígado. Anunció el cierre del Estado con sus dificultades para pronunciar shutdown, al igual que para completar una oración de corrido. Aclaró, eso sí, que no se verían afectados el personal y las actividades esenciales como Salud y Educación, que desfinancia a mansalva. Hasta se dio el lujo de incluir a los jubilados entre quienes no tienen de qué preocuparse.
Hay sólo dos hechos que metieron su cuña en esa agenda política tripulada por el Gobierno.
Uno, con el que se reactivará la actividad parlamentaria, es la sesión del Senado, el próximo jueves, para tratar el libre albedrío en la extranjerización de la tierra. Con un cinismo extraordinario, el oficialismo denomina al proyecto como Inviolabilidad de la Propiedad Privada.
En torno a ese título, podría decirse que los Milei sufrieron una derrota comunicacional. Pequeña, pero firme y derrota al fin. La instalación pública del asunto -entendiéndose por “pública” su rebote y renuencia en ámbitos políticos y sociales determinados- quedó fijada en que se abordará el regalo definitivo de los suelos a capitales foráneos.
En la práctica, alrededor del 5 por ciento del territorio argentino ya está en manos extranjeras. En superficie, eso supera los 13 millones de hectáreas y es el equivalente a la extensión de Inglaterra. Ese dato no es, sin embargo, el más impactante. La verdadera dimensión del fenómeno aparece al bajar la escala por departamento, o al cruzarla con la ubicación de cursos de agua, acuíferos y zonas con potencial minero.
Las cifras que agrega el Observatorio de Tierras son neurálgicas. Existen 36 departamentos que ya exceden el límite fijado por la ley que el Gobierno pretende derogar. Y hay cuatro casos con una extranjerización superior al 50 por ciento: Lácar, en Neuquén; General Lamadrid, en La Rioja; Molinos y San Carlos, en Salta. Todos ellos concentran bienes estratégicos, como agua dulce y recursos minerales.
Iguazú, en Misiones; Ituzaingó y Berón de Astrada, en Corrientes; Campana, en Buenos Aires, superan con amplitud el 30 por ciento de su extensión en manos extranjeras. Todas son localidades sobre el río Paraná, que es la principal vía fluvial navegable del país.
Así, como añade la documentación del Observatorio, el patrón es claro: las situaciones más críticas se dan en zonas fronterizas –tanto en el norte como en la cordillera- y en territorios con recursos hídricos y mineros. O ventajas logísticas, como puertos.
A eso debe agregarse que es muy difícil la trazabilidad exacta del origen de los fondos que, en alrededor de un millón de hectáreas, proviene de paraísos fiscales con el obvio anexo de lavado de dinero y penetración del narcotráfico.
Aunque ya no parezca mentira, la ¿extravagancia? libertarista consiste en acentuar que ni tan apenas haya algún freno en este proceso cuya suba, desde ya, se realzó durante el menemato. El ultrismo actual simplemente elimina toda cortapisa.
En países como Australia y Canadá rigen desregulaciones sobre la tenencia de la tierra con, claro, el pequeño detalle de que forman parte del mundo desarrollado. Eso significa fuerte control sobre la función social del uso del suelo y catastros perfectamente diseñados.
Algunos trastornados incluyen en la lista de desreguladores al Reino Unido, como si todas sus tierras no fueran finalmente propiedad de la Corona. Entre nosotros, la realeza de Los Hermanos no se reserva ese privilegio.
Habrá de verse si, el jueves próximo, la movilización prevista frente al Congreso impide o posterga otra cipayada de senadores con principios fluctuantes y bolsillos sensibles que, vaya, en no pocos casos representan a las provincias donde justamente se juega el partido principal.
El otro episodio que sacudió la agenda publicada fue la carta abierta de Cristina, informando que recurre ante el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas para que se revea su condena y proscripción por la causa Vialidad.
Que el bochorno de ese fallo vengativo y plagado de inconsistencias e irregularidades pueda tener una impugnación desde la ONU excede a las probabilidades analíticas del firmante, en cuanto a su conocimiento técnico del área.
Tampoco se ponen de acuerdo los especialistas, por cierto, aunque hay un consenso mayoritario respecto de que asoma improbable, si no imposible, que con la actual integración de la Corte Suprema haya cabida para respetar un dictamen favorable a la ex Presidenta.
De hecho, el máximo tribunal argentino ya se permitió no responder, ni con una mínima argumentación, a las fundadas observaciones sobre la repugnante parcialidad de los magistrados que la condenaron.
Sí podemos hacer una lectura “política”, concediéndonos la licencia de denominarla así como si lo anterior no lo fuese.
Cristina quiere ser candidata, con habilitación así fuese simbólica. Y es debido a eso que, ante la condena a prisión, antepone una cautelar por estar proscripta. Regiría si hubiera Primarias generales, o urnas internas del peronismo, siendo que en cualquier hipótesis su proscripción alcanza a no poder asumir el cargo para el que resultase electa.
La pregunta, entonces, es si, al margen de su derecho a apelar a una instancia internacional como último recurso frente a la injusticia que sufre, estamos hablando sólo de eso o -también- de una forma de intervenir en la desgastante y hasta incomprensible puja del peronismo. En términos crecientemente circulantes, se le llama “limar a Kicillof”.
Lo primero está claro. Se supone que todos los actores y sectores de la interna no debieran tener dudas en acompañar a Cristina, en toda acción que encare para obtener su libertad y el levantamiento de la proscripción.
Pero lo segundo queda atravesado por la polémica, válida, necesaria, urgente o perentoria, de si no es en un diálogo sincero y descarnado donde debe resolverse la opción aglutinada de la única fuerza en aptitud de disputar las elecciones con chances ganadoras. La candidatura y el para qué, naturalmente.
Por lo pronto, y es así hace rato, las dos franjas principales y enfrentadas coinciden en que no tienen diferencias ideológicas. Lo ratifican en público todos sus referentes y acaba de hacerlo el propio Máximo Kirchner.
Hay, en el mundillo del PJ y aparte también, quienes coligen que ya sería hora de que cristinistas y kicillofistas sean asumidos como fuerzas diferentes. En tal visión correspondería lo mismo a las huestes de Sergio Massa y Juan Grabois, para no hablar de los Guillermo Moreno y Miguel Ángel Pichetto de la vida.
El obstáculo mayúsculo de ese diagnóstico, si fuera válido, es que por carácter transitivo, a valores de hoy, Milei tendría completamente allanado el camino a su reelección. Y, ergo, la historia vuelve a empezar porque, a menos que retomemos el interrogante de si realmente quieren ganar, carecen de cualquier salida que no sea agruparse.
En consecuencia, por mucho que se asimilen los resentimientos personales, los gestos, las chicanas, los malos entendidos, para el afuera es un chino comprender que no haya unidad -o mera unión- cuando enfrente está lo que Lula definió como “esta cosa” que gobierna a los argentinos.
Algo sabe el brasileño de cómo se estructura una alianza de poder contra el fascismo de mercado, o a secas.
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