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Ion Tiriac: “Vilas fue el tenista más grande de todos los tiempos”

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No es necesario profundizar en un exhaustivo análisis para aseverar que Guillermo Vilas, el tenista más ganador de la historia de la Argentina, el hombre que popularizó el arte de las raquetas por estas latitudes, se ubica entre los quince más grandes jugadores de todos los tiempos. Los logros lo avalan. El zurdo emergió como uno de los actores principales en los primeros años del tenis abierto y acumuló trofeos y trofeos: ganó cuatro títulos de Grand Slam, entre 1977 y 1979; conquistó el Masters en Melbourne en 1974; y totalizó 62 trofeos de singles del Grand Prix -el circuito mayor de entonces-. También llegó a una final de la Copa Davis (1981) y permaneció durante una década en el top 10 del ranking ATP.

Algún osado hasta se atrevería a darle un espacio entre los primeros diez en una lista de todas las épocas. Pero sólo un personaje se animó a colocarlo en la cima de todas las cimas, a reconocerlo como el gigante número uno en un mundo de gigantes. Sólo hay un trono y el propietario, el único que se sienta en él, es Vilas. Ni la perfección de Roger Federer, ni la frialdad de ciborg de Björn Borg, ni las marcas ¿inalcanzables? de Novak Djokovic, ni el alma inquebrantable de Rafael Nadal. Para Ion Tiriac, su mítico manager y entrenador, el más grande de todos es Vilas.

“Estuve once años con Vilas. Para mí, Vilas es el jugador más grande de todos los tiempos porque no tenía talento: el talento era cero, cero", resonó la sentencia del inefable rumano, un ex tenista que llegó a tres finales de la Copa Davis con su país (1969, 1971 y 1972) y ganó Roland Garros en dobles.

Nacido el 9 de mayo de 1939 en Brasov, en la especialidad de las parejas alzó 22 trofeos, según los registros de la ATP, ocho de los cuales fueron con el propio Vilas -incluido el Abierto de la República de 1977-. Dueño de una fortuna mayor a los dos mil millones de dólares, entre otras cosas por haber fundado el primer banco privado de Rumania en los albores de los noventa, su veredicto sobre el zurdo tiene una justificación: “Se entrenaba ocho horas por día. Cada día le dedicaba ocho horas al entrenamiento. Yo me saco el sombrero. Es un tipo sensacional, sensacional; es un tipo macanudo desde todos los puntos de vista".

“Tú dices que no tenía nada de talento, pero algo tenía que tener Vilas, ¿no?”, le replicó Feliciano López al invitado de su podcast Feli’s Room, publicado en el canal oficial del Masters 1000 de Madrid. Para Tiriac, la observación del “cero talento” no está en el terreno de la ofensa, sino del halago: “Tenía la potencia de trabajo, la voluntad y el corazón. Y también la cabeza. A un tipo como Vilas se lo puede comparar con (Thomas) Muster, otro trabajador". El argentino fue irrepetible y Tiriac lo dejó claro con un pequeño recorrido personal: “En toda mi vida... y he estado con Nastase, Vilas, Becker, Ivanisevic, Leconte, Safin... Todos fueron míos, como manager o como entrenador”.

No es la primera vez que el rumano, uno de los artífices del tenis-industria como se lo conoce en el presente, destaca que arriba de Vilas no hubo ni habrá nadie, incluso más allá de que nunca haya sido número uno del mundo. Con la estridencia característica de sus afirmaciones, ya había dado a conocer su fallo personal más de diez años atrás: “Vilas es el mejor jugador de todos los tiempos. Ganó todos los torneos grandes sin talento, sin una técnica especial, con ocho horas de entrenamiento diario. Vilas es un trabajador que no existía antes: si un entrenador le ordenaba que se tirara de un tercer piso a la piscina, lo hacía sin fijarse si había agua o no. Es como si dijeras que un Fiat compite contra una Ferrari. Y gana el Fiat. Hay que tener respeto por el Fiat… por Vilas".

En junio de 1989, después del retiro de Vilas en Roland Garros -luego regresaría a principios de los noventa para jugar torneos menores-, Tiriac le escribió una sentida carta, cuyo título resultó elocuente: “Los mejores años de mi vida”.

“Con Guillermo hemos estado juntos durante 11 años. Puedo asegurar que fueron los mejores 11 años de mi vida. A través de él logré lo que no había podido hacer como jugador. Encontré el transmisor ideal para lo que yo pensaba que debía ser el tenis, además de un amigo excepcional", comenzaban sus en sus líneas.

Y agregaba, otra vez con el trabajo como foco: “Sólo alguien con la capacidad de trabajo, la concentración y la inteligencia de Guillermo podía llevar a cabo todo lo que pensábamos. Hicimos una pareja ideal, pero siempre fue él quien puso más que yo. Porque se necesita ser humilde y tener grandeza para aceptar que alguien le indique cosas, poner todo de sí y realizarlas".

Además se podían leer más elogios: “Fue uno de los más grandes estrategas del tenis moderno. Sabía exactamente qué le convenía hacer y en qué momento. Podía dar vuelta un partido simplemente pensando, algo que se ve poco en el tenis de hoy". Y había otro veredicto: “Está muy claro, porque lo viví, que los argentinos le deben el gran tenis que gozan hoy. Yo sé que jamás volveré a tener un jugador como él. Jamás".

El propio Vilas, formado en el Club Náutico de Mar del Plata, alguna vez también referenció su éxito en el sacrificio: “Nadie nace número uno. El que piensa así raramente llega. Todo lo que logré lo hice trabajando porque quería llegar a ser campeón. Cuando yo empecé lo hacíamos por nada, éramos totalmente amateurs, no recibíamos dinero. Tuve la suerte de ser parte de una familia que me dio la posibilidad de dedicarme al tenis. Yo nunca jugué por el dinero; si hasta se me vencieron varios cheques de premios porque no tenía cuenta bancaria...“.

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