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La guerra en Medio Oriente se expande y esta vez el shock petrolero podría ser peor

Tras el bloqueo de Ormuz, el otro estrecho de la región, Bab al Mandeb se había vuelto vital para que Arabia Saudita siga exportando petróleo, especialmente a Asia y el precio del barril no se siga disparando. Pero la guerra se instaló ahora en ese segundo estrecho y las consecuencias económicas para el mundo podrían ser peores que en marzo/abril.

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La guerra que iniciaron Estados Unidos y su aliado Israel a finales de febrero pasado en Medio Oriente tuvo un impacto directo en Argentina: la nafta aumentó más del 24% en apenas unos meses. El precio internacional del barril de petróleo pasó de 67 dólares a acariciar los 120. En junio, con el acuerdo de alto el fuego firmado con Irán, los mercados por fin respiraron y, para principios de este mes, el precio ya estaba debajo de los 80 dólares. Pero Donald Trump no cumplió con lo que él mismo firmó, volvió a atacar y otra vez no midió las consecuencias. Porque ahora el conflicto armado se instaló también en el segundo estrecho de la región, Bab al Mandeb, y el efecto para el precio del petróleo en el mundo y la nafta en Argentina podría ser aún peor.

En apenas una semana, el precio del Brent, la referencia que se utiliza en casi todo el mundo, Argentina incluida, pasó de 89 a 95 y a 101 dólares. El viernes comenzó a bajar un poco. Las razones pueden ser dos: por un lado y al mejor estilo de la película de Bill Murray de los 90s El Día de la marmota, se filtraron versiones a la prensa en Washington de que Trump habría propuesto un nuevo alto el fuego a Irán; y, por el otro, dos buques petroleros chinos lograron atravesar al Bab al Mandeb el jueves y siguieron camino hacia China, apenas un día después de que los rebeldes hutíes de Yemen concretaran su promesa de "un embargo marítimo" a Arabia Saudita y atacaran a dos buques sauditas.

Mientras es posible que China haya decidido adoptar la misma estrategia que utilizó con Irán en el estrecho de Ormuz y negociar directamente con los que imponen los bloqueos armados para garantizar el tránsito de sus buques, el conflicto en el Mar Rojo y su desembocadura al Golfo de Adén, el estrecho de Bab al Mandeb, está lejos de resolverse o, siquiera, desescalar. El sábado, milicianos hutíes atacaron dos instalaciones petroleras de la empresa estatal de Arabia Saudita: una refinería en la ciudad portuaria de Yanbu, cerca de la vera del Mar Rojo y otra en Jizan, más al sur pero también sobre esa costa.

¿Quiénes son los hutíes y por qué bloquean las exportaciones sauditas?
Cuando se recuerdan las protestas multitudinarias de la Primavera Árabe raramente se menciona a Yemen, el país más al sur de la Península Arábiga. A principio de 2011, miles salieron a las calles a reclamar el fin del gobierno de Ali Abdallah Saleh, el militar que reunificó el país y asfixió uno tras otro los intentos de levantamientos separatistas a fuerza de sangre y terror. Para fines de ese año, parecía que habían triunfado, pero las promesas de cambio nunca se cumplieron realmente. Poco a poco, esto fue alimentando la resistencia armada que terminaron liderando los hutíes, un grupo chiita que venía luchando contra Saleh desde los 90s y que en la Guerra contra el Terrorismo de George W. Bush se alió con Irán, la teocracia también chiita que por entonces no sólo formaba parte del Eje del Mal de Washington, sino que hacía años competía con Arabia Saudita, la principal potencia sunnita de la región, por la conducción del mundo islámico en la región.

En 2014, las milicias hutíes lograron una avanzada sobre gran parte de Yemen que sorprendió al mundo, especialmente cuando tomaron la capital Sanaa y forzaron al presidente Saleh a huir del país. Desde entonces el país sufre una guerra interna y campañas masivas de bombardeos aéreos de Estados Unidos que afectó una de las vías comerciales más importantes para los mercados internacionales, Bab al Mandeb, el estrecho donde el Mar Rojo se comunica con el Golfo de Aden y, de ahí, al Océano Índico. En otras palabras, la segunda ruta marítima más importante para la exportación de petróleo de Medio Oriente hacia Asia después del estrecho de Ormuz.

Por eso, los hutíes siempre la vieron con una de sus cartas más fuertes para jugar: pese a la asimetría militar con sus enemigos (Estados Unidos y Arabia Saudita) conserva el poder de interrumpir el suministro del 4% de la oferta de petróleo mundial. Y decidieron volver a demostrarlo esta semana, luego de reiterados ataques sauditas, sí, pero también luego que el gobierno de Trump anunciara que está cerca de cerrar un acuerdo nuclear con Arabia Saudita -transferencia de tecnología y know how civil- a cambio de que reconozca a Israel. Esto último preocupa al mundo árabe e islámico en general, pero la posibilidad de que la monarquía saudita tenga un desarrollo nuclear propio representa un peligro para sus rivales, tanto los hutíes como principalmente Irán (al que Estados Unidos irónicamente acusa de estar desarrollando un programa nuclear militar de manera clandestina).

"Desde la guerra civil en Yemen, Bab al Mandeb se volvió bastante menos importante. Lo que antes de la guerra era una salida para transportar 9 millones de barriles por día, había bajado a unos 4 millones de barriles por día", explicó a Roberto Brandt, consultor y experto en temas de energía. Tuvo un pico de nuevo en 2023 cuando volvió a los 9 millones de barriles diarios, pero con la ofensiva de Israel contra la Franja de Gaza en octubre de ese año, retornaron los ataques de los hutíes y el suministro bajó nuevamente a 4 millones diarios.

Pero el bloqueo de Ormuz por la guerra lanzada por Trump volvió a jerarquizar esa ruta comercial. "Durante meses, el mercado trató a Yanbu como la respuesta al riesgo de Ormuz", destacó el analista de operaciones marítimas de la consultora internacional Wood Mackenzie Ian Solis en un artículo del portal especializo Oil Price. Yanbu, la ciudad portuaria donde una refinería de Aramco fue atacada el sábado por los hutíes, es la terminal del único oleoducto que posee Arabia Saudita y que conecta la costa del Golfo Pérsico con la del Mar Rojo. "El problema -continuó Solis- es que Yanbu tiene su propio cuello de botella. Si Bab al Mandeb sufre una interrupción constante por un bloqueo declarado por los hutíes, Asia perdería una arteria clave para su suministro de crudo".

Si Ormuz y Bab al Mandeb quedan bloqueados, ¿el Golfo Pérsico tiene forma de exportar su petróleo?
Pese a ser una de las principales regiones productoras y exportadoras de crudo, Medio Oriente no tiene muchos oleoductos y depende mayoritariamente del transporte marítimo. Construir y poseer ese tipo de infraestructura es difícil en zonas conflictivas, en donde las guerras, ataques, levantamientos armados y atentados son más la regla que la excepción. Arabia Saudita tiene uno que le permitió durante esta guerra derivar el crudo que no podía sacar por el Golfo Pérsico y el estrecho de Ormuz, y llevarlo hasta el Mar Rojo y Bab al Mandeb.

Tiene una capacidad máxima de 7 millones de barriles diarios, una cifra apenas inferior a las exportaciones de crudo totales de Riad antes de la guerra. Según el analista de la consultora y broker especializa en crudo PVM, John Evans, antes de esta semana, las exportaciones desde Yanbu ya representaban el 75% de las exportaciones sauditas totales previas a la guerra.

Emiratos Árabes Unidos tiene otro que ducto, más pequeño, que le permite bypasear el estrecho de Ormuz y salir directo al Golfo de Omán y de ahí al Índico. El oleoducto de Abu Dhabi, sin embargo, no logró resolver el problema para el pequeño país: tiene una capacidad de 1,8 de millones barriles, es decir, casi la mitad del total que se exportaba antes de la guerra; y, además, Irán atacó varias veces la terminal antes del alto el fuego que Trump rompió a principio de este mes.

En mayo pasado, Emiratos anunció un plan para duplicar la capacidad de su oleoducto, pero aún si se declarara una tregua mañana, la construcción tomará dos años. No es una solución para el corto plazo.

Egipto, por su parte posee un ducto que conecta el Golfo de Suez -es decir, justo de antes de entrar al Canal de Suez, en el norte del Mar Rojo- con la costa del Mediterráneo. Tiene una capacidad de 2,5 millones de barriles diarios. Finalmente, cerca de allí, al finalizar el otro golfo que se abre en el norte de ese mar, el de Aqaba, en el sur de Israel, hay otro oleoducto que conecta la ciudad de Eliat con la de Ashkelon, esta última con salida al Mediterráneo. Tiene capacidad para 1,2 millones de barriles diarios.

Tras los ataques de esta semana a dos buques petroleros sauditas, todo indica que las únicas opciones viables para sacar el petróleo del Golfo Pérsico si los dos estrechos quedan bloqueados es a través del Mediterráneo, sea por los ductos de Egipto e Israel como redirigiendo el transporte marítimo hacia el norte en el Mar Rojo hasta el Canal de Suez. En el caso del oleoducto israelí, sin embargo, podría suponer complicaciones extras ya que Arabia Saudita no reconoce al Estado de Israel.

Esto puede ser una buena solución para el 20% de las exportaciones que antes atravesaban Ormuz e iban a Europa, pero no para el 80% que tenían como destino los países asiáticos. Lo mismo sucede para los que hasta hace poco usaban Bab al Mandeb, como India, Pakistán, Corea del Sur, Japón, etc. Y el efecto no será marginal: más de la mitad de las importaciones de crudo de Irán pasaban por allí.

Por un lado, los países asiáticos sumarían alrededor de tres semanas a las cuatro que ya llevaba el transporte marítimo de crudo, según calculó Brandt, al tener que atravesar el Mediterráneo, dar toda la vuelta a África hasta llegar al Océano Índico. Por otro lado, analistas internacionales advirtieron que los llamados buques de crudo muy grandes (Very large crude carriers, VLCC) que se usan en el estrecho de Bab al Mandeb para sacar el crudo saudita no pueden pasar por el Canal de Suez, por lo cual deberían transferir la carga a barcos más pequeños, tanto para entrar al canal como para llevar el petróleo al ducto egipcio.

El principal analista en temas de crudo de la plataforma especializada Kpler, Homayoun Falakshahi, alertó sobre este problema en diálogo con Al Jazeera y advirtió que el desafío es si se podrá hacer estos movimientos lo suficientemente rápido para que el petróleo siga fluyendo rápido y responda a la demanda global. "Mantener la tasa actual de exportación necesitará una mayor productividad en las terminales, por lo que la logística podría generar un cuello de botella", agregó.

Por eso, hay dos elementos que pueden desatar una nueva disparada del precio internacional del barril de petróleo: no cubrir la demanda actual y los aumentos de los costos del transporte. Transformar un viaje de tres semanas a uno de siete significará más combustible y seguros más caros.

Brandt destacó que hay muchos proyectos en boga -"Todos están viendo cómo independizarse del estrecho de Ormuz-, pero reconoció que "hay pocas alternativas en el corto plazo" para reemplazar las vías comerciales de Ormuz y Bab al Mandeb.

"En términos de la oferta, podría haber mayores exportaciones de crudo de Estados Unidos, Brasil, Nigeria y Rusia se supone que tiene capacidad de aumentar su exportación de crudo, pero Ucrania estuvo bombardeando sus refinerías y su flota. De manera más marginal, otros países como Argentina o Suriname pueden aportar. Esta oferta adicional puede mitigar algo el faltante, pero te va a quedar un hueco", aseguró el analista argentino y recordó que al principio del bloqueo de Ormuz la oferta mundial cayó un 20% y, tras las derivaciones por el Mar Rojo y la liberación de cientos de millones de barriles de reservas estratégicas internacionales, se redujo al 10%.

"Por eso, la cuestión vendrá por la demanda. La gran pregunta pasa por el crecimiento económico de China", aseguró y recordó que la potencia asiática redujo drásticamente sus importaciones de crudo desde la guerra lanzada por Estados Unidos. De febrero a mayo, pasó de importar 11,7 millones de barriles diarios a 9 millones. Esto representó el 74% de la caída global de importaciones de petróleo durante el conflicto, según el portal de noticias CNBC. Y, según analistas, fue uno de los motivos por los cuales el precio internacional del crudo no subió más.

¿Se va a sentir el efecto en los surtidores en Argentina?
En Argentina, las petroleras no bajaron los precios de los combustibles durante ese veranito que fue el alto el fuego y que los mercados leyeron con excesivo optimismo. El barril de Brent bajó unos 40 dólares, pero en los surtidores no se vio un cambio. Esto podría significar que las empresas tiene algo de margen para no trasladar a precios de manera inmediata la nueva disparada internacional, que hoy se ubicaba en unos 96 dólares.

Sin embargo, si las milicias hutíes logran bloquear de manera permanente el estrecho de Bab al Mandeb -aún si negocia el paso de algunos buques chinos- e Irán mantiene el cierre de Ormuz por un período prolongado, parece muy poco probable que las pocas alternativas que existen en el corto plazo logren responder a la demanda actual de crudo. Además, el cuello de botella logístico en el Golfo y en el Canal de Suez, el aumento de costos para el transporte marítimo de crudo a Asia, continente donde vive casi el 60% de la población mundial, presionarán aún más el precio internacional del barril.

Para Brandt, es una posibilidad que la Agencia Internacional de Energía vuelva a liberar cientos millones de barriles de crudo, como hizo en marzo y abril. Eso permitiría cubrir el hueco de oferta durante un tiempo. Por eso, la clave está en cuánto dura esta vez la guerra de Trump y si China está dispuesta a seguir echando mano de sus reservas, que se estiman en 1.400 millones de barriles aproximadamente, para contener al menos un poco la disparada de los precios internacionales.

Si Trump no da el brazo a torcer y no logra imponerse militarmente (como hasta ahora), países como Argentina quedarán expuestos a la voluntad de China de contener la disparada de precios internacionales regulando su demanda. Mientras el gobierno de Javier Milei vende un relato épico de lucha entre valores occidentales y orientales, una vez más Estados Unidos y China contraponen dos formas de gobernanza global.

Por María Laura Carpineta para El Destape

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