Política
A los 95 años murió Taty Almeida, símbolo de la memoria colectiva
Taty Almeida, histórica referente de Madres de Plaza de Mayo, falleció el domingo a los 95 años, rodeada de su familia. Ni bien se conoció la noticia, dirigentes de derechos humanos, de la política y un ciudadanos que no logran ponerse de acuerdo en casi nada salieron a despedirla con anécdotas de sus luchas, citando sus frases más icónicas -"La única lucha que se pierde es la que se abandona"- y recuperando fotos de toda su vida. Este lunes y martes, será la despedida oficial -y seguramente masiva- en la sede del sindicato de Telecomunicaciones Foetra.
La histórica defensora de los derechos humanos llevaba un tiempo luchando contra problemas de salud por lo que estaba internada en el Hospital Italiano, donde finalmente falleció. La familia informó que les entregarán el cuerpo este lunes a la mañana, por lo que la despedida recién comenzará a la tarde, a las 14. Todos aquellos que lo deseen pueden ir hasta la medianoche y, los que no puedan pasar el lunes, tendrán su oportunidad al día siguiente de 8 de la mañana a las 12 del mediodía.
Una vida dedicada a pedir justicia y gritar Nunca Más
Nacida el 28 de junio de 1930 en Buenos Aires en el seno de una familia militar, Lidia Estela Mercedes Miy Uranga, popularmente conocida como Taty, se formó como maestra de escuela, profesión que ejerció por pocos años. Se casó con Jorge Almeida con quien tuvo tres hijos: Jorge, Alejandro y María Fabiana. Fue el segundo de ellos quien fue secuestrado por la Triple A el 17 de junio de 1975 y le dio inicio a su militancia y compromiso con los derechos humanos.
Alejandro tenía 20 años, trabajaba en TELAM y en el Instituto Geográfico Militar y cursaba el primer año de Medicina en la Universidad de Buenos Aires. Ese día salió de su casa al anochecer despidiéndose de su familia con un "Esperame, ya vengo" y nunca más volvió, al día de hoy continúa desaparecido.
A diferencia de muchas de las Madres que comenzaron a reunirse en Plaza de Mayo durante los primeros años de la dictadura, Taty Almeida provenía de un entorno familiar estrechamente vinculado a las Fuerzas Armadas. Su padre había sido militar y varios integrantes de su familia mantenían vínculos con el ámbito castrense. Durante años ella misma reconoció que, en un primer momento, había acompañado muchas de las ideas que circulaban en aquellos sectores. Sin embargo, la desaparición de Alejandro transformó por completo su mirada sobre la realidad argentina y la impulsó a iniciar una búsqueda que se extendería durante el resto de su vida.
En las primeras instancias de su búsqueda, Almeida intentó buscar respuestas entre los conocidos de su entorno militar. Golpeó las puertas de figuras que luego serían jerarcas de la dictadura, como Albano Harguindeguy o Leopoldo Galtieri, quienes le aseguraban que la responsabilidad era enteramente de "los sectores peronistas". Sin embargo, ante la falta de respuestas, llegó a Madres.
Precisamente, cuatro años después del secuestro de su hijo, en 1979, Taty se unió al grupo de mujeres que conformaban las Madres de Plaza de Mayo y desde ese momento su búsqueda estuvo asociada a la lucha por la Memoria, la Verdad y la Justicia. Cuando en 1986 se produjo la división de Madres de Plaza de Mayo, Almeida se integró a Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora, espacio desde el que desarrolló gran parte de su militancia.
Con el paso de los años se convirtió en una de las voces más reconocidas del movimiento de derechos humanos argentino. Participó activamente en las campañas por Memoria, Verdad y Justicia, acompañó los juicios por delitos de lesa humanidad, brindó charlas en escuelas, universidades y organizaciones sociales, y sostuvo una presencia constante en cada conmemoración del golpe de Estado del 24 de marzo.
Más allá de su militancia activa, el recuerdo de su hijo fue su motor siempre. En el año 2008, Taty publicó el libro Alejandro, por siempre… amor que recoge recuerdos, testimonios de familiares, amigos y comentarios de lectores además de los 24 poemas hallados en la agenda de Alejandro. De hecho, fue el hallazgo de esa libreta personal de su hijo lo que la incentivó a iniciar su militancia en un principio: en numerosas entrevistas relató que a partir de la lectura de esta agenda descubrió el compromiso de su hijo con el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), donde militaba en secreto, y la ayudó a comprender mejor quién había sido Alejandro y cuáles eran los ideales por los que luchaba.
Su figura trascendió las fronteras de Argentina y recibió numerosos reconocimientos académicos e institucionales. En 2011 fue declarada Personalidad Destacada de los Derechos Humanos por la Legislatura porteña y posteriormente obtuvo doctorados honoris causa y distinciones de diversas universidades nacionales. Entre ellas se encuentran la Universidad Nacional de Córdoba, la Universidad Nacional de las Artes, la Universidad Nacional de Tierra del Fuego y, recientemente, la Universidad de Buenos Aires, que en abril de 2026 le otorgó su máxima distinción honorífica por medio siglo de lucha en defensa de los derechos humanos.
En abril de este año, su última aparición pública, Taty Almeida recibió el título de doctora honoris causa de la UBA en el marco de los 50 años del último golpe militar. "Militancia es compromiso. Compromiso que han tomado tantos jóvenes, que son nuestra esperanza. Ustedes son los que van a continuar luchando por la Memoria, la Verdad y la Justicia”, fueron sus palabras al recibir ese reconocimiento en la Facultad de Filosofía y Letras.
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