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Opinión

Acto final o inicio de algo mayor

Por Gabriel Link - ¿Seremos capaces todos nosotros, los ricoteros y los que no, de volver a izar esas banderas que nos supieron unir?

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Lo críptico nunca fue lo mío, por eso nunca fui ricotero. No es algo generacional, el Indio tenía 15 años más que yo, por lo que siempre estuvo ahí. Lo mío con la música pasa por un diálogo más directo, Charly, Fito, Mateos y Calamaro. León, Victor, Sabina y Serrat. Soda, Serú, Enanitos, Divididos y va por ahí hasta el folklore de todo el noroeste argentino.

Pero siempre me pasó con el Indio lo mismo que me pasaba con Spinetta o con Silvio, sus canciones no me movilizaban pero me deslumbraba el personaje.

Desde ese lugar, al no estar sufriendo por no ser parte de los devotos de su grey, me hago tiempo para pensar.

Lo que me parece más importante de éste océano de gente en la calle es analizar si ésta movilización fue solo el final de algo o si alcanza para ser el inicio de algo mayor.

Si bien, como con Diego, la gente salió a la calle a despedir a un dios, el "Milei hijo de puta" sobrevoló en cada entrevistado de cada móvil de cada canal. Y no sé cuántos personajes nos quedan así; tal vez el sábado a la madrugada se nos haya ido el último.

Éso convirtió a la de éste fin de semana en una fenomenal movilización "política", la más impresionante que ocurrió desde aquella increíble del Centenario en 2010.

Y no solo por lo masivo del hecho, sino porque la "mística" de fondo es la misma.

Viajé muchas veces a Buenos Aires para estar en actos de Cristina, y lo que subyacía en aquellas tertulias callejeras era esa sensación de fondo de coincidir en algo con todos. Y no se trataba solo del amor por ella, se trataba de algo más, se trataba de lo que su figura emanaba, se trataba de sentirnos hermanados, de sentirnos parte de los buenos,  de los imprescindibles para que el Pueblo sea feliz.

Lo que vi ayer en el Pueblo ricotero fue algo similar a lo que nosotros sentimos aquella noche del 9 de diciembre de 2015, cuando la convirtieron a ella en calabaza; compunción, congoja, desprotección; sentíamos todo eso, pero también sentíamos que todos izábamos las mismas banderas y que con esas banderas íbamos a volver.

Algo que hoy se rompió. Rompimos la unidad de esas banderas y cada uno marcha con una diferente. Unos con las rojas, otros con las negras, y algunos otros, los que marchamos con el lienzo blanco de nuestro corazón buscando volverlas a unir, solemos ser menospreciados por unos y otros.

Los enoja que no nos enojemos con compañeros.

Eso no se vio el fin de semana. Todos, cada uno son su bandera, marcharon con alegría.

El compromiso político del Indio no pasa desapercibido para nadie; no alcanzo a definir si los que lo seguían eran los "nuestros", o si él, con su mensaje, "mejoró" cabezas y las acercó a nuestro espacio.

Desde el primer momento vi algo diferente, algo que no había visto ni con la despedida a Diego, y se lo comenté a una compañera esa misma noche en un intercambio por WhatsApp, al ver como las Policías de Milei y de Macri reaccionaban con violencia a una manifestación pacífica. Respondiendo con palos a la tristeza del pueblo que no se resigna.

Entonces, ¿por qué la gente coincidió tan espontánea como masivamente en las formas de despedir a un artista?, ¿por qué los palos de la policía no los pudieron dispersar?, ¿por qué esa gente está en la calle llorándolo con lágrimas tan impregnadas de amor, pero también de contenido político?

Una vez al Indio le preguntaron: ¿te definís peronista?, y él respondió: "Sí, soy medio peronista, medio socialista y medio kirchnerista". Creo que nadie lo dijo así, hermanando al peronismo con la izquierda. Y es una verdadera pena que en este contexto sigamos leyendo a compañeros tan metidos en esa pelea tan anacrónica como estúpida.

Ayer Cristina despidió al Indio con amor desde donde la tienen encerrada; Máximo se puso al hombro la organización de la despedida y Axel hizo posible que todo estuviera en su lugar para que el Indio pudiera tener su último show a su manera, con el pogo más grande del mundo demostrándole su devoción.

Los tres actuaron con la generosidad que hacía falta, y mientras tanto, a un lado y el otro de la nueva grieta, había estúpidos midiéndoles las chotas a Axel y a Máximo, viendo cómo "demostrar" quién tenía un centímetro más para enrostrárselo al otro.

Qué tontería!

Fijate a dónde llegamos en esta caída libre intelectual en la que entramos el 20 de noviembre de 2023, cuando empezamos a pelearnos entre nosotros en la búsqueda de un culpable para explicar la tan insólita como inesperada derrota que habíamos sufrido el día anterior.

Me animaría a decir que durante todo el fin de semana las calles se llenaron de peronistas, de socialistas y de kirchneristas, que marcharon hermanados por lo que tenían en común. Sin que nadie le picara el boleto a nadie. Sin que nadie le reprochara nada a nadie. Sin que nadie le pidiera el DNI a nadie. Sin que nadie se sintiera más ricotero que nadie.

Ojalá éso se haya notado y éste haya sido el piso en el que debemos rebotar para recuperarnos; ojalá que lo que generó la muerte del Indio nos abra los ojos a los que somos un poco peronistas, a los que somos un poco socialista y a los que somos un poco kirchneristas; y que todos entendamos que estamos del mismo lado; y aceptemos recorrer el camino que nos queda seguros de que el norte tiene que ser todo lo que tenemos en común; con disidencias, pero con el respeto que la hora amerita para terminar de hacer nuestro duelo en paz, esa paz que es imprescindible para empezar a pensar cómo reconstruir todo lo roto.

Como aquella noche del 9 de diciembre ayer vi a cientos de miles desfilando con compunción, con congoja, con desprotección; pero con las mismas banderas rojas, banderas negras, de lienzo blanco en su corazón.

¿Seremos capaces todos nosotros, los ricoteros y los que no, de volver a izar esas banderas que nos supieron unir?

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