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Crece la ola progresista dentro del Partido Demócrata en EEUU

Los candidatos de izquierda ganaron terreno con una agenda que incluye el costo de vida, los derechos sociales y una postura crítica frente a Israel.

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Los resultados de las primarias en Estados Unidos pusieron el foco en el avance de los candidatos progresistas o “socialistas democráticos” dentro del Partido Demócrata, un fenómeno que podría traducirse en una mayor presencia de estos sectores en el Congreso y en las legislaturas estatales tras las elecciones de medio término de noviembre.

Victorias y referentes
La progresista y mujer indígena Peggy Flanagan, actual vicegobernadora de Minesota, ganó este martes las primarias demócratas para el Senado de Estados Unidos por ese mismo estado y se impuso a la congresista Angie Craig, con cerca del 59 por ciento de los votos.

Durante su campaña, Flanagan defendió posiciones progresistas en asuntos como la inmigración, los derechos reproductivos y el acceso a la salud, y convirtió su oposición a las políticas del presidente estadounidense, Donald Trump, en uno de los ejes de su candidatura.

Su victoria se suma a la de Abdul El-Sayed, quien la semana pasada se impuso a la moderada Haley Stevens en Michigan, un estado electoral clave. El médico musulmán criticó las acciones de Israel en Gaza y la manera en la que las grandes corporaciones y grupos de acción financian las campañas electorales en Estados Unidos, mientras prometió trabajar “para el pueblo” y atender sus principales problemas.

En la contienda por la nominación demócrata a la gobernación de Wisconsin, el centrista David Crowley derrotó por una diferencia de 0,41 puntos porcentuales a su rival de izquierda, Francesca Hong, quien encabezaba los sondeos.

A pesar de esta derrota, el progresismo también avanzó frente al ‘establishment’ en las recientes primarias para la Cámara de Representantes en Nueva York, Colorado y Pensilvania, con candidatos afiliados a la organización Demócratas Socialistas de América (DSA), fundada en la década de 1980.

El DSA tiene entre sus más conocidas figuras a la congresista Alexandria Ocasio-Cortez (AOC), que en 2018 sorprendió al derrotar al poderoso congresista del ‘establishment’ Joe Crowley en el estado de Nueva York y convertirse en la más joven en llegar a la Cámara de Representantes.

Además, tiene un aliado en el senador independiente de Vermont, Bernie Sanders, una figura clave en este movimiento de izquierda, aunque no afiliado al DSA, que respaldó a El-Sayed y a Flanagan.

El alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, se convirtió en uno de los principales exponentes del avance progresista y mostró su capacidad de influencia al respaldar a candidatos que se impusieron en las primarias de la ciudad, entre ellos, Darializa Ávila Chevalier y Claire Valdez.

El avance de estos candidatos en las primarias abrió el interrogante sobre si la creciente influencia de los sectores progresistas dentro del Partido Demócrata puede traducirse en victorias electorales en noviembre.

La transformación
El analista internacional y exsubsecretario de Asuntos Internacionales de la Secretaria de Asuntos Estratégicos de la Nación, Martín Schapiro, señaló que el progresismo demócrata tomó fuerza a partir de la presidencia de Joe Biden (2021-2025), cuando figuras vinculadas a ese sector comenzaron a ocupar lugares destacados y de coordinación política. “Durante el gobierno de Biden, el ala progresista se convirtió, por primera vez, en un sector dentro del Partido Demócrata a nivel de gobierno, con capacidad de influencia y posiciones claras de políticas públicas”.

En ese proceso, el analista destacó el papel de figuras como AOC, cuya influencia y reconocimiento dentro del partido se consolidaron durante los últimos años.

Schapiro advirtió, sin embargo, que el avance del ala progresista no fue lineal y estuvo atravesado por dificultades, algunas de las cuales quedaron expuestas en las elecciones de 2024. Entre ellas mencionó el peso que tuvieron para los demócratas las críticas vinculadas con la inseguridad, la idea del caos en las ciudades y las políticas de apertura migratoria, cuestiones sobre las que el partido había adoptado posiciones más cercanas a la izquierda.

Pese a esos límites, el analista señaló que el ala progresista logró fortalecerse dentro del partido y que un activismo organizado contribuyó a desplazar el debate interno hacia cuestiones centrales para la izquierda estadounidense. Entre ellas, la cuestión palestina adquirió un peso creciente durante la campaña.

En esta nueva campaña, la solidaridad con Palestina y las críticas a Israel se convirtieron en uno de los principales ejes de los candidatos progresistas, en línea con un cambio más amplio en la percepción de los estadounidenses sobre el conflicto. Una encuesta publicada por Gallup a principios de año mostró que, por primera vez desde principios del siglo XXI, los estadounidenses sienten más simpatía por los palestinos que por los israelíes: un 41 por ciento frente a un 36 por ciento. La tendencia era a la inversa hasta el año pasado.

Los aspirantes a escaños llevaron el debate al interior del Partido Demócrata y cuestionaron a sus rivales por sus vínculos con el lobby AIPAC (Comité de Asuntos Públicos Estadounidense-Israelí), uno de los principales aportantes a las campañas de republicanos y demócratas favorables a Israel. Los candidatos progresistas advirtieron que el apoyo de la organización podría condicionar los futuros mandatos y prioridades de los demócratas moderados, así como el rumbo de la política exterior estadounidense.

Según el diario estadounidense The New York Times, AIPAC hizo la mayor inversión de su historia en Michigan, donde destinó al menos 32 millones de dólares a la campaña de Stevens, rival de El-Sayed. Después de la victoria del médico, el lobby anunció que se opondrá a su candidatura en noviembre.

Los desafíos
El analista señaló un desplazamiento de la base demócrata hacia sectores con educación universitaria y atravesados por debates ideológicos, pero advirtió que el reto de los candidatos progresistas será ampliar ese respaldo y llegar al votante estadounidense medio.

“Los demócratas socialistas son más fuertes con el electorado educado, que de pronto está precarizado, pero no con las clases trabajadoras sin títulos universitarios. Hay un discurso con contenido económico, enfocado en el costo de vida y en el salario mínimo, que es atractivo para ese sector, pero no termino de ver que encarne una mayor penetración en las clases trabajadoras que abandonaron el partido para votar a Trump”, explicó Schapiro.

Las primarias estadounidenses continuarán hasta el 15 de septiembre, cuando concluirá el proceso interno previo a las elecciones legislativas de noviembre, en las que se renovarán la totalidad de la Cámara de Representantes y un tercio del Senado.

El analista destacó que las elecciones de noviembre funcionarán como termómetro para medir los éxitos del movimiento, sobre todo en los estados violetas como Michigan, donde ningún partido tiene el triunfo asegurado. “Si El-Sayed pierde en un ambiente que parece bastante favorable para los demócratas, creo que sería un golpe muy duro para el progresismo estadounidense. Del modo contrario, si a El-Sayed le va más o menos igual que a los candidatos del establishment demócrata, será un paso más para que este movimiento se consolide, porque actualmente el argumento de muchos es ‘nos gusta tu plataforma, pero a vos no te van a elegir’”, aseveró Schapiro.

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