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Encuestas de Trump: Tambalea el castillo del emperador
Por Andrés Gaudín - En lo que va del año, Donald Trump suma una oleada de derrotas electorales, algunas pequeñas, todas significativas. Otros indicios como la caída horizontal en las encuestas de cara a las legislativas de noviembre. ¿Ruptura definitiva de un liderazgo, del que pende el gobierno argentino?
En el Distrito 9 del ignoto condado texano de Fort Worth, en el sur estadounidense, la candidata republicana a ocupar una banca de senadora estadual perdió abrumadoramente (14 puntos). El hecho podría haber pasado inadvertido –al fin, sólo se trata de un condado– si no fuera porque su verdugo es un demócrata sin relevancia a nivel nacional, militar de bajo rango que se convirtió en dirigente sindical de los mecánicos aeronáuticos. Y, además, y es lo que pesó, es un consecuente defensor de la salud pública y la educación laica e igualitaria y autor de un programa de creación de empleo en un estado en el que su ultraderechista gobernador republicano no apaga la motosierra desde que asumió, y ni para ir al baño.
Pero el caso no pasó inadvertido y hay razones de sobra para ello. Fort Worth, situado más allá de los desiertos texanos, uno de los territorios que Estados Unidos le arrebató a México en 1845, estaba en manos de los republicanos, ininterrumpidamente, desde hacía 36 años. Hace 15 meses, nada más, en las presidenciales de 2024, el ahora presidente republicano Donald Trump había arrasado, derrotando por 17 puntos a su rival demócrata. Quiere decir que en los13 meses de gobierno trumpista el Partido Republicano perdió al 31% de sus votantes y, por primera vez, debe resignar una banca que podría llevar a cambiar, también, la mayoría del Senado estadual. Además, Fort Worth no es un caso aislado.
El golpe no pudo haber sido peor para un régimen que día tras día genera situaciones que lo tienen en la óptica mundial y donde la cacería de migrantes, en especial latinoamericanos, lo llevó a imponer el terrorismo de Estado –sólo en la Minnesota militarizada los comandos, asesinaron a dos civiles que ni siquiera participaban de las protestas– para tratar de frenar el repudio interno. En lo que va del año Trump suma una oleada de derrotas que se agregan a las de Virginia, Pensilvania y Nueva Jersey y las elecciones para las alcaldías de Miami y Nueva York, además de las especiales celebradas en Iowa y Kentucky. Debe agregarse que sólo diez días después de la derrota de Texas, este jueves la Casa Blanca debió sacar la jauría del ICE de Minnesota.
En los días previos a la elección texana Trump lanzó varios mensajes de respaldo a la candidata republicana (Leigh Wambsganss). Sin embargo, fiel a su arrogante militancia a favor de la mentira, una vez consumada la derrota negó repetidamente su relación y “admiración política” hacia la perdedora. “Qué puedo decir, no tengo nada que ver con eso, fue una votación local”, dijo y repitió. Lo mismo había dicho cuando Chris Madel, líder partidario de Minnesota, renunció “asqueado”, al partido y a la candidatura a gobernador. En los primeros días de febrero se filtraron audios en los que el senador federal Ted Cruz, uno de los mimosos de la familia fascista cubana de Texas, le decía a Trump que si no cesaba con su política de aranceles y represión “vas a perder la Cámara de Representantes y el Senado, y pasarás los próximos dos años sometido a un juicio político por semana”.
Además de los audios de Cruz, en estos días trascendieron versiones de Miami, los pagos del canciller Marco Rubio, el centro de la llamada “gusanera cubana” y foco que encandila a esa rama latinoamericana a la que sus sospechosas realidades personales aconsejan buscar una guarida. Formulan, y eso es lo llamativo, advertencias coincidentes. El malestar por el estilo avasallador del jefe, le señalan, es el hilo conductor de esa ruptura del liderazgo que ha ocasionado las malas experiencias y llevó a que el último lunes la Asociación Nacional de Gobernadores (ANG) cancelara una reunión con el presidente, agendada para este mes, porque la Casa Blanca excluirá a los demócratas de esa cumbre. La ANG es representativa, está conformada por los gobernantes de los 55 estados, territorios y mancomunidades.
Aunque las encuestas tienen peso, pese a perder prestigio, siempre están en la sustancia de los análisis políticos. Esta vez, el aluvión de sondeos muestra que en el último trimestre (de noviembre de 2025 a enero de 2026) la aprobación presidencial es claramente descendente. Trump había iniciado su mandato en enero del año pasado con índices de entre el 47 y el 50%, y abrió el 2026, un año de gestión, por debajo del 40 por ciento. De todas maneras, el análisis de las principales consultoras –entre ellas Gallup, Pew Research Center, Associated Press-NORC, Reuters-Ipsos– indica que Trump parece tener un suelo de roca y un techo de cristal. ¿Qué quieren decir? Que más allá de las cosas puntuales, la opinión sobre él ya no es elástica: quien lo apoya, lo apoyará siempre y quien lo rechaza, lo rechazará siempre.
El escenario que se va montando y la coreografía que están diseñando los norteamericanos, toman formas preocupantes para el gobierno republicano, es decir, para Trump. El rechazo de Minnesota a la cacería de los latinoamericanos y los asesinatos fue contundente. Por primera vez Trump tuvo que guardarse la soberbia y, con los dientes apretados de odio, sacar de la escena a sus tropas encapuchadas, armadas a guerra. Jamás lo admitirá, pero fue derrotado. La sucesión de No de las últimas semanas muestra una realidad contestataria que asumió una intensidad impensada cuando Bud Bunny, los ritmos americanos y el hablar con modismos pero bien castellano de sus reggaetón hicieron vibrar –dicen que al menos un millón de veces– los televisores del mundo y, en especial, de los norteamericanos.
El mensaje del puertorriqueño fue nítido: la peor opinión es el silencio. Ante el sonar de la nueva realidad que dibuja un futuro crítico para Trump con miras a la elección legislativa del 3 de noviembre, los debates se dan a luz plena. En forma de preguntas, el sociólogo venezolano Ociel Alí López recogió las dudas de los norteamericanos. ¿Aceptará Trump la decisión legislativa que surja de un eventual juicio político? Después de su intentona golpista del 6 de enero de 2021, ¿Trump dejaría el poder por las buenas? ¿Aceptaría esta vez la derrota? ¿Agitará nuevamente a las masas para violentar la institucionalidad? Son preguntas que pueden tener las mejores o las peores respuestas en un futuro muy cercano y con la valiente certeza de que el silencio no es una opción para enfrentar al totalitarismo.
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