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Opinión

La señora de la toalla: Lo que dijo, lo que no dijo y lo que dejó que su mirada dijera

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Hay imágenes que duran apenas unos segundos y, sin embargo, terminan diciendo mucho más de lo que sus protagonistas tenían previsto. Eso ocurrió en Bahía Blanca con Marcela Barrera, la mujer que el viernes apareció en el balcón de su departamento, envuelta en una toalla, mientras Milei recorría la ciudad.

Su expresión se convirtió inmediatamente en el centro de la escena. Para millones de usuarios, aquella mirada transmitía desconcierto, incredulidad y hasta horror frente al insólito espectáculo que se desarrollaba en la calle. La fotografía llegó a transformarse en una suerte de "editorial" involuntaria sobre la visita presidencial.

Barrera finalmente rompió el silencio. Pero lo hizo de una manera particularmente llamativa: no confirmó esa interpretación, aunque tampoco la desmintió.

“Muchos se preguntan qué estaba pensando en ese momento, qué significaba la expresión de mi cara”, escribió. Y agregó que cada persona puso en la imagen “su propia interpretación, sus ideas, sus emociones y su mirada sobre la realidad”. Según la mujer, “la imagen terminó diciendo mucho más de lo que yo realmente dije”.

Es una aclaración impecable desde el punto de vista formal: una expresión facial no constituye una declaración política. Pero también deja una pregunta abierta. Si aquella interpretación viral hubiese sido completamente equivocada, Barrera tenía una oportunidad inmejorable para decirlo.

Y no lo hizo.

Tampoco aprovechó el comunicado para expresar simpatía por el Presidente. No dijo que admiraba a Milei, que estaba feliz de verlo ni que quienes habían leído rechazo en su rostro estaban equivocados. Eligió, en cambio, reivindicar el derecho a “pensar distinto, opinar distinto y sentir distinto” y a que esas miradas convivan “con libertad y respeto”.

O sea, lo contrario a lo que opina el presidente, que permanentemente insulta y degrada a la mínima expresión a quienes opinan distinto a él.

Hay además un antecedente que resulta significativo. Minutos antes de aparecer en el balcón, Barrera había filmado el impresionante operativo desplegado alrededor de la visita presidencial y había ironizado en Facebook: “me está por llegar el camión de caudales”.

Después de la viralización, su actitud tampoco fue la de alguien que intentara borrar la escena. Se tomó el fenómeno con humor, cambió su foto de perfil por una caricatura de la situación, compartió memes y publicó en Instagram una imagen generada con inteligencia artificial en la que aparecía en el balcón de la Casa Rosada.

Todo esto permite una conclusión, aunque no exactamente la que algunos pretendieron convertir en certeza: no podemos saber qué pensaba Barrera cuando miraba a Milei. Pero sí podemos observar que, cuando tuvo la posibilidad de desmentir la interpretación crítica de aquella mirada, decidió no hacerlo.

Eso no demuestra que estuviera horrorizada. Tampoco demuestra que estuviera contra Milei. Pero sí explica por qué aquella interpretación sobrevivió a su propio descargo.

La “señora de la toalla” pudo haber convertido su comunicado en una aclaración política. No lo hizo. Prefirió preservar el misterio.

Quizá ahí reside la verdadera potencia de aquella imagen: ella nunca dijo en qué estaba pensando, pero tampoco quiso decirnos que estábamos equivocados al mirar su cara y entender que lo que veía le parecía absurdo y decadente.

Y el que calla otorga!

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