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Política

Pactar no es fusionarse

La izquierda no debe ser el agujero por donde se escapan los votos que podrían derrotar a la ultraderecha que gobierna. Sería un auténtico desafío que Bregman aceptase que el peronismo no es una instancia política que se atraviesa desde afuera. 

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La energía crítica y la voluntad militante de Myriam Bregman, a pesar de su ya larga historia política, la han situado en un nuevo lugar. Es la referencia fundamental de la izquierda.

Actualmente y de un modo general, ser líder de izquierda es enfrentarse a distintos desafíos. Primero, no decir todo lo que se piensa hacer, porque eso no solo no es creíble, sino que le da al enemigo todas las armas para anticiparse. Luego, tratar de que el discurso no sea solo un conjunto de enunciados críticos, sino un ejercicio de estilo capaz de mostrar una relación singular con el lenguaje. Y la cuestión tal vez más importante: ¿qué es ser de izquierda cuando el mundo que habitamos se encuentra radicalmente amenazado? En este punto, nos encontramos con un desafío mayor: conjugar la lucha por la supervivencia humana con la eliminación de la explotación económica y el surgimiento del proyecto de emancipación.

Para los marxistas que siguen la tradición que va de Maquiavelo a Althusser, la política es siempre una experiencia que tiene sus propias reglas y su propia especificidad. Y que, por tanto, esto obliga a que el devenir de un proyecto exija pensar tanto sus alianzas tácticas como sus enemigos estratégicos.

Bregman ha conseguido establecer su clara diferencia con respecto al espectro político de la oposición peronista, siempre cargado de ambivalencias y opacidades. No obstante, esa diferencia no es precisamente una novedad, porque la izquierda siempre, de un modo u otro, ha intentado hacer valer su “coherencia” frente a las ambigüedades estructurales del peronismo. A veces hasta el punto de olvidar todo lo que los sectores populares han logrado en su experiencia histórica con el peronismo. Ese legado que permitía una justicia social que hoy el posneoliberalismo y la ultraderecha se proponen destruir.

Sería un auténtico desafío que Bregman aceptase que el peronismo no es una instancia política que se atraviesa desde afuera. Si bien es cierto que la exterioridad de la izquierda debe mantenerse, también lo es que la izquierda debe ser “éxtima” con respecto al peronismo que se opone a la ultraderecha. A saber, mantener su exterioridad no negociable, pero también hacer valer su crítica en el interior de la fuerza política histórica de la Argentina sin fusionarse.

La nueva izquierda en Argentina no puede ser el lugar del “gorilismo progre”, ni encarnar el agujero por donde se escapan los votos que podrían derrotar a la ultraderecha que gobierna.

Días pasados le escuché caracterizar a Bregman como criminal de guerra al megamillonario instalado en la Argentina. En efecto, esta figura esencial en el equipo de los neoemperadores forma parte de una máquina de guerra que desea exterminar la poca justicia social que resta en el mundo.

Después de esta caracterización por parte de Bregman, una alianza política con la oposición no es solo una posibilidad, sino una apuesta riesgosa pero inevitable. Si para Bregman el peronismo no la merece, sí la merece el pueblo argentino.

Por Jorge Alemán

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