Sin categoría
Kimi Antonelli ya es el campeón más joven de la historia de la Fórmula 1
Durante algún momento de su vida, Kimi Antonelli fue el niño que era demasiado pequeño. Esa fue la corta visión que tuvo de él Ferrari, la escudería estrella de Italia y del Gran Circo, y por eso decidió no abrazar su carrera deportiva. Este domingo, en el Gran Premio de México, el querible boloñés de 20 años finalizó tercero y se convirtió en el campeón más joven de la Fórmula 1, devolviéndole a su país un título después de 73 años y retribuyéndole a Mercedes, la escudería que confió y lo fichó cuando tenía 12 años, su primer campeonato de pilotos después de la gloriosa era de Lewis Hamilton, cuyo legendario asiento el nuevo rey de la Máxima se atrevió a ocupar cuando todavía estaba en la secundaria y seguía siendo, para muchos, todavía demasiado pequeño.
La carrera que selló el final del campeonato comenzó con una agresividad insólita de parte de Charles Leclerc, quien fue a buscar a su compañero Hamilton en la punta y lo adelantó con un ataque absurdo por fuera del trazado (por el que fue penalizado), que complicó al heptacampeón. Una bandera roja en el giro 46 sumó algo más de caos y suspenso y, aunque en la segunda largada Hamilton ejecutó su vendetta y adelantó al monegasco para terminar segundo, Max Verstappen terminó aprovechando aquel entredicho inicial y se llevó la victoria. La maniobra más destacada en el Hermanos Rodríguez, de todos modos, se la quedó Kimi Antonelli: sobrepasó en ese reinicio a Leclerc para meterse en el último escalón del podio y, de yapa, vengar a su antecesor en Mercedes. El argentino Franco Colapinto, por su parte, ejecutó una gran labor: cerró octavo tras largar 11° y volvió a los puntos, aunque varias investigaciones (una sobre él) estaban abiertas una vez finalizada la carrera y podían cambiar su resultado final.
“Gracias, muchas muchas gracias. Lo hicimos”, celebró Kimi desde el radio, tan emocionado y feliz que las lágrimas apenas le permitían hablar cuando cruzó la bandera a cuadros. Hamilton y Verstappen fueron los primeros en abrazarlo apenas se bajó del Mercedes W17. Inmediatamente, llegó el emotivo festejo con su mamá, su papá y su hermana Maggie.
“Sin ellos, no estaría acá. Sin Mercedes, sin mi familia... Estoy muy agradecido -compartió Antonelli, conmovido-. Este momento va a permanecer en mí para siempre. Estoy procesando lo que estoy viviendo. Fue una temporada increíble y compartir este podio con Max y Lewis es impresionante. Esta semana me sentí un poco más tenso, por eso estoy tan contento de que pudimos hacerlo”.
La historia de Kimi Antonelli, quien conquistó su Súperlicencia de la Fórmula 1 un año antes de poder sacar su carnet de conducir, tuvo aquella divertida paradoja como un buen presagió del récord que rompió este domingo en el Autódromo Hermanos Rodríguez: se convirtió, en tierras mexicanas, en el campeón más joven de la historia de la Máxima. El italiano consiguió su primer título con 20 años y 68 días y le quitó aquel récord al tetracampeón alemán Sebastian Vettel, quien tenía 23 años y 133 días cuando se coronó en 2010.
Las cifras de su temporada consagratoria hablan por sí solas: Antonelli llegó a los 380 puntos que abrocharon su primer título con una notable estadística de nueve victorias (más su triunfo en la sprint de Gran Bretaña), 16 podios y siete poles. Todo eso incluyendo apenas un único abandono y considerando que su experiencia solo registra 43 carreras en sus dos temporadas en la elite: no hay que olvidarse que el 16 de marzo del año pasado, en Australia, Kimi corrió su primera carrera en la Fórmula 1. El italiano con cara de niño estuvo a la altura del desafío que le propuso Toto Wolff, el jefe de Mercedes, quien le confió el legendario asiento que había dejado Hamilton, sostuvo al boloñés con enorme cariño desde que subió a la Máxima y lo defendió con igual vigor. Antonelli, que eligió el 12 como su número del Gran Circo, terminó cuarto en Melbourne y cosechó en su debut sus primeros 12 puntos. Esos guiños de la vida…
Fue recién en esta temporada, sin embargo, cuando el hijo de Marco y Verónica terminó de aprender a ganar. Lo hizo bastante rápido -su primera victoria fue en China, por la segunda fecha- y quedó claro que esa sensación de felicidad se le volvió un impulso vital: pudo repetirla ocho veces más este año, una estadística que solo el tetracampeón Max Verstappen logró desde que el calendario cuenta con 24 fechas. Son muchas las escenas felices que Antonelli atesorará de este 2026, pero sin dudas algunas de ellas se forjaron en Japón, cuando tomó el timón del campeonato que terminaría ganando, y en la despampanante racha de cinco victorias al hilo con la que deslumbró desde su victoria en Suzuka.
El Mercedes W17, con el que Antonelli se eternizó con este título, perdió algo de esa solidez con la que había brillado al inicio del campeonato y la seguidilla de triunfos del italiano se frenó con su histórica conquista del Gran Premio de Mónaco. De todo pareció aprender Kimi, incluso de las muchísimas advertencias por excederse los límites de pista, quizá la mayor pesadilla de sus domingos en la Máxima. La joven estrella del Gran Circo expuso todo su talento -esa capacidad enorme de aprender- durante la temporada de su primer título, que lo retó con desafíos de diferente calibre y él estuvo más que a la altura. El boloñés concretó triunfos de punta a punta, pero también lució su gran calidad cuando ejecutó la labor fina y estratégica que requiere la novedad o cuando saboreó la conquista épica en un escenario legendario: sus victorias en el estreno del complicado Madring o en Monza, cuando se impuso tras largar 19° y logró un triunfo local que se esperó 60 años, sin dudas fueron inolvidables.
Quizás la única emoción que pueda superar su alegría inmensa por el histórico triunfo en el Gran Premio de Italia ante su gente sea la de este domingo en México, que lo corona en la Fórmula 1 y le permite devolverle a esa misma gente que tanto quiere un campeón italiano, ese que no tenían desde que Alberto Ascari se consagró en 1953. Kimi Antonelli escribe su nombre entre los reyes de la Máxima que corrieron bajo la bandera de su país y ahora, junto al mítico Nino Farina (primer campeón en 1950), ya son tres.
En Kimi Antonelli, siempre inocentón, divertido y sonriente, sigue latiendo algo de aquel niño pequeño. Es el campeón más joven de la historia de la Fórmula 1. Y si se hubiera coronado en Texas, no habría podido festejar su título con champagne porque allí es ilegal consumir alcohol antes de los 21 años. Quizás siempre sea ese italianito bonachón, dulce y perseverante al que una negativa no le iba a frenar sus ansias de velocidad ni de sueños en los que era él quien le devolvía a su país la melodía del emotivo allegro sonando en un podio. Ni siquiera si esa negativa se la daba la escudería con la que protagonizaba esos mismos sueños. Por azar o por esa justicia que a veces tiene la vida, aquel niño pequeño encontró un equipo que sí lo abrazó, porque lo creía gigante. Lo era -Mercedes tenía razón- y ahora el nombre de Kimi Antonelli vivirá por siempre en ese Olimpo reservado para los eternos campeones de la Fórmula 1. Bravo, gigante Kimi, ¡salute!
Por Malva Marani
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