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Economía

Cuál es el límite de la paciencia con Milei

Por Alfredo Zaiat - El megaajuste de Milei no derivó hasta ahora en una explosión social como en otras crisis. Produjo una implosión: hogares que reducen consumos, se endeudan, pierden horizonte y suman problemas de salud mental.

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En estos meses de desesperación por los masivos cierres de comercios, quiebras de empresas, despidos y megaajuste del gasto público, uno de los interrogantes con carga dramática, para algunos, y con angustia, para otros, es cuándo estallará este modelo económico-político regresivo y de exclusión. Quienes expresan esta impaciencia han vivido uno o dos de los estallidos más terribles de la historia económica argentina reciente. El más lejano es el de 1989, la hiperinflación con saqueos a comercios en los últimos meses del gobierno de Raúl Alfonsín. El otro, es el de 2001, el corralito y el colapso de la convertibilidad, con represión y muertos en movilizaciones populares que precipitaron la renuncia de Fernando de la Rúa.

Pese a que el potente dispositivo de la derecha, durante años, alentaba y proyectaba una crisis terminal del ciclo político del kirchnerismo, Cristina Fernández de Kirchner culminó su gobierno con estabilidad económica y una despedida popular con una multitud que desbordó la Plaza de Mayo y alrededores.

Mauricio Macri no culminó en una crisis cambiaria e inflacionaria de proporciones solamente porque el candidato a presidente Alberto Fernández, luego de obtener un triunfo rotundo en las elecciones PASO, de agosto de 2019, frenó la corrida, al asegurar que la paridad a 60 pesos era la correcta.

Alberto Fernández no se fue con una crisis, aunque el consenso consolidado por propios y por la entonces oposición es que culminó con un desborde económico por una actividad en pendiente negativa y precios desbocados. Se trata de una opinión a contracorriente, pero la economía no estaba en camino a una recesión y la tasa de inflación recién registró un fuerte salto por la exigencia de devaluar del FMI, en agosto de 2023, y por las declaraciones explosivas del candidato a presidente Javier Milei, con elevadas chances de triunfar, que aceleraron la corrida cambiaria y los consiguientes aumentos preventivos de precios.

La crisis se procesa al interior de los hogares
Ahora, con un Javier Milei que concentra un rechazo social consolidado y potente, sin señales de que vaya a modificar el sendero económico; por el contrario, profundizando el ajuste, el interrogante inicial se intensifica: ¿cuándo estallará?

Aquí no se encontrará la respuesta porque, en realidad, no se sabe si sucederá un evento de ruptura trágica, debido a que las respuestas sociales no se repiten y mucho menos se puede saber cómo se manifestarán. En cambio, lo que sí se puede analizar es que, en estos poco más de dos años de gobierno liberal-libertario, hubo una implosión social.

El deterioro acelerado de las condiciones de vida de la mayoría de la población, por la brutal caída del poder adquisitivo, provocó un desorden de la organización familiar y de las expectativas de un futuro mejor. La crisis se está procesando al interior de los hogares. No existe un solo acontecimiento que exprese el malestar general, sino una degradación cotidiana de la vida material de millones de personas. La plata no alcanza hasta fin de mes, se busca otro empleo para sumar ingresos, el pago del alquiler y expensas es un suplicio, y el transporte público cada día es peor y más caro, entre otros padecimientos diarios.

El último reporte de FIDE indica que el diagnóstico luce incompleto si no se ubica en el contexto de la pérdida de apoyo social que viene sufriendo el Gobierno, que se refleja en el deterioro de los diversos indicadores de confianza, de la mano del empeoramiento en las condiciones sociales y económicas y de la proliferación de denuncias por corrupción dentro del oficialismo.

La implosión no significa pasividad
El ajuste tiene manifestaciones constantes en las calles. La de este martes, la cuarta marcha federal universitaria, fue impresionante. La protesta social no es lo mismo que el estallido. El experimento liberal-libertario convive con la implosión social. La resistencia al ajuste se define como una experiencia privada. Cada familia reorganiza el presupuesto reduciendo consumos, postergando proyectos y apelando al endeudamiento para que la caída no sea tan brusca.

El pluriempleo rompe vínculos y provoca problemas de salud mental. La implosión social no significa ausencia de crisis, sino que gran parte de la sociedad sometida a un ajuste regresivo va procesando el malestar. También tiene una dimensión subjetiva porque hay una pérdida de horizonte, como lo reflejan casi todas las encuestas de opinión pública. Una amplia mayoría de la población piensa que el futuro económico cercano será peor.

Es una forma de padecimiento colectivo en una sociedad fragmentada, pero ninguna sufre indefinidamente. La implosión tiene efectos acumulativos y aparecen signos sociolaborales que expresan saturación, con derivas que hoy se desconocen.

Punto de inflexión en la paciencia social
Uno de ellos se observa en el mercado laboral. El último informe del Programa de Capacitación y Estudios sobre Trabajo y Desarrollo de la Escuela Interdisciplinaria de Altos Estudios Sociales de la Universidad Nacional de San Martín (CETyD EIDAES-UNSAM) se aproxima a ese posible punto de inflexión en la paciencia social. Los mecanismos que venían amortiguando el aumento del desempleo muestran señales de agotamiento. En este marco, durante 2026 podría registrarse un nuevo incremento de la desocupación.

Las principales conclusiones del documento son las siguientes:

  • En las crisis recientes del mercado de trabajo aparece un mecanismo distinto al de los años noventa. Mientras que entonces el deterioro se canalizaba principalmente en un aumento del desempleo, en los últimos años la principal expresión se da a través de los empleos refugio. Hoy hay más trabajadores insertos en estas ocupaciones precarias que desocupados, lo que muestra por qué una parte importante de la crisis laboral no aparece plenamente reflejada en la tasa de desempleo.
  • Los empleos refugio funcionaron como canal de absorción de los trabajadores desplazados del empleo formal, pero su capacidad no es ilimitada. El crecimiento del cuentapropismo informal, concentrado en actividades de baja productividad, bajos ingresos y sin cobertura de seguridad social, refleja más una estrategia de supervivencia que una inserción laboral dinámica.
  • Los empleos refugio son informales. Se concentran en servicios de preparación y venta de comidas y comercio; y suelen realizarse en la propia vivienda, en la calle y espacios públicos (incluida la venta ambulante). También en empresas de plataformas.
  • La saturación de estas ocupaciones aparece cuando más trabajadores compiten por una demanda estancada. El aumento de la desocupación registrado en el último trimestre de 2025 es una primera señal de esa transición.
  • El deterioro laboral ya no se expresa únicamente en informalidad, precarización y caída del empleo formal. La saturación de los amortiguadores de la crisis abre el riesgo de una nueva fase, en la que la pérdida de empleo de calidad comience a traducirse con mayor claridad en un aumento del desempleo y en un mayor deterioro del poder adquisitivo.

El estallido no se anuncia
Como se explicó, los estallidos sociales no avisan ni respetan un libreto preestablecido en el micromundo de la política. El disparador casi nunca se reconoce antes de que ocurra.

Puede ser una medida económica, una represión en una movilización, una corrida cambiaria, un salto de tarifas del transporte público, un conflicto laboral o un episodio menor que concentra un malestar acumulado durante meses.

La particularidad del experimento liberal-libertario es que esa impaciencia social interna puede coincidir con un cambio en el clima político en Estados Unidos. Milei construyó su blindaje internacional en el respaldo geopolítico de la administración de Donald Trump. Una eventual derrota en las elecciones de medio término, en noviembre próximo, puede provocaría una crisis argentina al debilitar uno de los soportes simbólicos y políticos del gobierno de Milei. Cuando un proyecto económico depende de este tipo de señales externas, cualquier fisura en ese respaldo puede alterar la percepción de fortaleza.

La forma del estallido no se puede anticipar. La historia argentina enseña que las crisis no se repiten en espejo, pero también enseña que ninguna sociedad soporta indefinidamente el deterioro de sus condiciones de vida sin que ese padecimiento busque una vía de expresión.

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