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Tras los disparates de Milei en Francia se volvió a disparar el riesgo país a 650

El presidente dijo que, si consigue la reelección, el índice “se va a desplomar” y la economía podrá crecer a tasas del 7 u 8%, sin embargo el mercado no compró, ni los disparatados pronósticos ni los exagerados anuncios de inversiones de Milei y Caputo en París.

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El riesgo país volvió a convertirse este viernes en la contracara del relato optimista del Gobierno. El indicador de JP Morgan trepó hasta los 650 puntos básicos, el nivel más alto de 2026, mientras Javier Milei prometía desde París que, si consigue la reelección, el índice “se va a desplomar” y la economía podrá crecer a tasas del 7 u 8 por ciento per cápita. Frente a una sucesión de indicadores que muestran dificultades en la actividad, el empleo y el consumo, la Casa Rosada comenzó a trasladar buena parte de sus promesas de mejora económica hacia un escenario posterior a las elecciones de 2027.

La estrategia quedó especialmente expuesta durante la Argentina Week. Milei sostuvo que, si los argentinos deciden “continuar con este camino”, el país podrá incrementar la formalidad laboral y mejorar la situación previsional. Incluso proyectó que 2028 podría convertirse en “el mejor año económico de la historia”. El mensaje supone, en los hechos, pedir paciencia durante los meses que restan hasta las elecciones y condicionar una mejora sustancial de las condiciones económicas a la continuidad política del oficialismo.

El problema es que los mercados tampoco parecen dispuestos a esperar sin pedir una prima cada vez mayor. El riesgo país llegó este viernes a 650 puntos, 14 unidades por encima del jueves y 43 puntos más que al cierre de septiembre. En apenas 2 ruedas de octubre acumuló un incremento de 7,1 por ciento y superó el anterior máximo anual de 637 puntos registrado a fines de marzo. El indicador se encuentra, además, muy lejos del piso de 402 puntos que había alcanzado en julio. Por su parte, el dólar mayorista finalizó en los 1.520 pesos. De esa manera, se ubicó 5 pesos por debajo del cierre del viernes pasado, cuando tocó su máxima cotización en términos nominales.

La explicación presidencial volvió a poner buena parte de la responsabilidad fuera de la Argentina. Milei atribuyó el deterioro a las “convulsiones externas” y sostuvo que, superado ese escenario, el riesgo debería volver a retroceder. Sin embargo, distintos economistas vienen señalando factores domésticos que ayudan a explicar por qué la deuda argentina se desacopló de otros activos de la región durante las últimas semanas.

Uno de ellos es Jorge Carrera, exvicepresidente del Banco Central, quien viene advirtiendo sobre un problema adicional en la estrategia financiera oficial: el creciente endeudamiento con organismos multilaterales. El economista sostiene que la acumulación de deuda con acreedores privilegiados como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el BID termina subordinando a los tenedores de bonos privados. Ante una eventual necesidad de reestructuración, esos organismos cobran primero y el ajuste recaería con mayor fuerza sobre el resto de los acreedores. Esa estructura, según Carrera, puede colocarle un piso elevado al riesgo país.

La dificultad adquiere especial importancia porque la reducción del indicador es una pieza central del programa financiero de Luis Caputo. El Gobierno necesita recuperar el acceso al mercado internacional para refinanciar los importantes vencimientos de deuda que deberá afrontar en los próximos años. Pero para conseguir financiamiento a tasas razonables necesita reducir el riesgo país y, al mismo tiempo, la dependencia de los organismos internacionales utilizada para atravesar el período sin acceso al crédito voluntario contribuye, según Carrera, a dificultar esa misma reducción.

La acumulación de reservas aparece como la otra cara del problema. El Gobierno logró atravesar buena parte de 2026 mediante desembolsos de organismos internacionales y diferentes mecanismos de financiamiento, pero sigue bajo presión para fortalecer las reservas propias del Banco Central. La Fundación Capital, que preside Martín Redrado, estimó recientemente que las reservas netas superan los 12.000 millones de dólares, pero que al descontar los desembolsos del Fondo resultan negativas en alrededor de 3.000 millones. La meta prevista para 2026, en cambio, apunta a alcanzar los 8.000 millones.

La presión financiera tampoco termina este año. En 2027 vencen alrededor de 6.000 millones de dólares netos con el Fondo Monetario y más de 13.000 millones con acreedores privados. Ese calendario explica por qué la posibilidad de regresar al mercado internacional dejó de ser una cuestión secundaria para convertirse en una condición relevante para sostener el esquema financiero. Cada aumento del riesgo país encarece esa salida y obliga al equipo económico a continuar buscando fuentes alternativas de financiamiento.

Mientras las tensiones financieras aumentan, los indicadores de la economía real tampoco ofrecen demasiado margen para el optimismo inmediato. La actividad económica cayó 2,9 por ciento mensual desestacionalizado en julio y quedó 1,4 por ciento debajo del mismo mes del año anterior. La producción industrial manufacturera retrocedió 5 por ciento interanual y las ventas de los supermercados a precios constantes bajaron 2,1 por ciento en julio y acumularon una contracción de 2,7 en los primeros 7 meses del año.

El deterioro también aparece en los indicadores sociales. La desocupación llegó al 7,9 por ciento durante el segundo trimestre y el 32,3 por ciento de las personas quedó debajo de la línea de pobreza durante el primer semestre. La combinación de menor actividad, dificultades para recuperar el consumo y deterioro laboral marca una distancia entre las principales preocupaciones cotidianas y las promesas de crecimiento acelerado que el Presidente proyecta para los próximos años.

A eso se agregó una señal política. El Índice de Confianza en el Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella cayó 5,9 por ciento en septiembre hasta 1,94 puntos, igualando el menor registro de toda la gestión libertaria. La caída se produce mientras el oficialismo comienza a colocar cada vez más explícitamente las elecciones de 2027 como una bisagra económica: primero habría que ratificar el rumbo en las urnas y recién después llegarían buena parte de los beneficios prometidos.

El horizonte de prosperidad que el Gobierno ubicó primero detrás del ajuste, después de la baja de la inflación y más tarde de la recuperación económica ahora vuelve a correrse en el calendario.

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