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Economía

Indec: La ficción estadística libertaria

La distorsión no es solo metodológica. El IPC del INDEC de Milei permite construir la narrativa de desinflación mientras oculta el impacto regresivo del cambio de precios relativos. Con tarifas, servicios y transporte ganando peso en el presupuesto familiar, lo relevante no es cuánto baja la inflación subestimada, sino cuánto ajuste adicional sobre el ingreso disponible puede soportar la sociedad.

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El martes 14 de julio, el INDEC difundirá el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de junio. Es probable, aunque no seguro, que marque un número por debajo del 2,0%, según el consenso de consultoras económicas. Incluso, el nuevo vocero presidencial, Adrián Ravier, adelantó que puede ser del 1,9%.

¿Qué relevancia tiene esta cifra si surge del relevamiento de una canasta de consumo de bienes y servicios desactualizada y, en especial, cómo se puede hacer un análisis riguroso de la economía de Milei si el actual IPC —e incluso el IPC de la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares 2017/2018—  ya no son representativos?

A comienzos de cada mes se difunden los variados aumentos de los servicios públicos (gas, luz, transporte de colectivos, subtes y trenes, agua, peajes) y privados (prepagas, telefonía móvil, internet, TV por cable). También se difunden las subas de los alquileres y de los combustibles. Cada semana, las consultoras informan las subas de los precios promedio de alimentos y bebidas. Cada una de esas variaciones, en general, suelen ser superiores al posterior dato del índice de precios al consumidor del INDEC. La explicación es que otros rubros compensan esas subas, de acuerdo con la ponderación definida para cada capítulo en la elaboración del indicador de precios.

Antes de ingresar en la evaluación técnica y práctica del actual IPC, el abordaje básico, de sentido común, obliga a preguntarse cuál es el motivo por el cual, mes a mes, hay aumentos generalizados de bienes y servicios bastante por encima del alza del IPC sin que el INDEC de Milei los refleje en sus estadísticas.

Una primera aproximación para entender esta disociación entre el indicador oficial y la percepción global de las familias respecto al movimiento de los precios es que ha habido un significativo cambio de precios relativos en lo que va del gobierno liberal-libertario.

¿Qué implica que cambiaron los precios relativos?
Un cambio en los precios relativos altera la estructura de costos y el valor de un bien frente a otro. Cuando estos valores cambian drásticamente, la canasta fija del actual IPC pierde representatividad, ya que asume que las familias consumen las mismas proporciones a pesar de que la distorsión de precios las obliga a modificar los hábitos de compra.

Para explicar este fenómeno, se puede desglosar de la siguiente manera. Por un lado, aparece la ponderación fija en relación con el comportamiento real. Si un rubro —como los servicios regulados (tarifas, transporte) o la salud— aumenta su precio relativo de manera mucho más abrupta que los alimentos o la indumentaria, el consumidor se ve forzado a recortar otros gastos y sustituir productos.

Por otro lado, irrumpe el sesgo de sustitución, lo que implica que, si el IPC no actualiza la importancia que tienen estos rubros en el bolsillo del consumidor, el índice termina reflejando el costo de una canasta teórica que la sociedad ya no consume de la misma forma.

Por último, está la distorsión de precios. Durante años se repitió, hasta convencer a la mayoría de la población, que las tarifas de servicios públicos eran “baratas”. Y ahora padecen los tarifazos. Distintos sectores de la economía aumentan sus precios a ritmos dispares. Esta dispersión hace que el “promedio” general que arroja el IPC no coincida con la percepción de inflación de muchos hogares, cuya canasta de consumo real se ha vuelto más específica y distinta de la del promedio nacional.

Cómo cambiaron los precios relativos con Milei
El economista Nadin Argañaraz ofrece una aproximación numérica al cambio de los precios relativos en el ciclo político de Milei, con dos variables principales que lo definieron: los tarifazos en los servicios públicos y privados y el atraso cambiario. Argañaraz indica que, de los 12 componentes del índice de precios, 7 registraron un aumento de precio relativo y 5 una baja de precio relativo. El detalle de estas variaciones es el que sigue:

*Vivienda, agua y servicios públicos fue el componente que más aumentó su precio relativo con relación al promedio de precios entre noviembre de 2023 y mayo de 2026 (30 meses). En concreto, lo hizo un 65%, es decir que subió un 65% por encima del promedio de precios.
*En el otro extremo, las prendas de vestir y calzado fueron los bienes que más se abarataron en términos relativos; bajaron un 36% con relación al promedio de precios.
*Las comunicaciones, que también registraron cambios en el marco regulatorio, tuvieron un aumento de precio relativo del 26,7%. El precio relativo del transporte subió un 15,4%.
*Entre los que bajaron de precio relativo, el segundo que más lo hizo fue el componente integrado por equipamiento y mantenimiento del hogar.
Otro punto de vista interesante es el comportamiento diferencial de los precios relativos de bienes y servicios. De la mano de los servicios regulados, los servicios aumentaron su precio relativo un 34,4%. Por su parte, el precio relativo de los bienes tuvo un descenso del 11,6%.

“Este cambio de precios relativos, obviamente, ha generado un cambio del poder adquisitivo del salario en relación con cada componente del índice de precios, siendo la mayor pérdida la registrada en alquileres y servicios públicos y la mayor ganancia la anotada con prendas de vestir”, explica Argañaraz.

Por Alfredo Zaiat para El destape

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