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Supermartes: Las encuestas anticipan una derrota de Trump
El alto costo de vida, la política migratoria de mano dura y su estilo autoritario de gestionar el poder han erosionado el apoyo del republicano. Su probable traspié electoral impactará en Argentina y la región.
Donald Trump está en vísperas de la que será su última elección y no podrá evitar una derrota que se anticipa. Un verdadero referéndum sobre su administración del que no tendrá revancha. Se lo impide la Constitución, más allá de su pretensión de ser reelegido en 2028. Por eso el octogenario presidente de Estados Unidos, aunque no figura en las boletas, llamó a sus partidarios a que imaginaran que votan por él. Esa dosis de alto narcisismo acentuó su responsabilidad en el desenlace que se avecina. Un traspié en los comicios de medio término cargado casi por completo a su cuenta, que tendrá un impacto en Argentina y la región. El presidente Javier Milei convirtió el alineamiento con Washington en el eje irrestricto de su política exterior, integrando al país en un bloque regional de sintonía ultraconservadora junto a Nayib Bukele en El Salvador, Daniel Noboa en Ecuador y Abelardo de la Espriella en Colombia, entre otros.
La desaprobación al gobierno de Trump supera el 60 por ciento y las estadísticas de votaciones en las midterms, desde Franklin Roosevelt hasta hoy, no lo favorecen para nada. Podrían ubicarlo entre los presidentes más impopulares de la historia, si ya no alcanzió ese sitial. Se da por descontado que el Partido Republicano perderá varias bancas en la Cámara de Representantes. En el Senado, aunque la sangría no se sabe hasta dónde llegará, su partido corre peligro también de ceder la mayoría. Hasta este lunes, más de 54,8 millones de estadounidenses ya habían votado de manera anticipada, tanto en persona como por correo, según el registro del Laboratorio Electoral de la Universidad de Florida.
El propio Trump lo hizo y hasta el Papa León XIV, nacido en Chicago. Los factores que en menos de dos años desplomaron el apoyo que había recibido el presidente en 2024 cuando fue reelegido son multicausales. El alto costo de vida, sobre todo en energía y combustibles; la guerra que desató contra Irán junto a Israel y las consecuencias negativas que trajo para el comercio global; su política xenófoba y antiinmigrante, más su estilo autoritario de gestionar el poder.
En Estados Unidos se votará casi un tercio del Senado (35 escaños sobre 100), la totalidad de los representantes (435 bancas), los cargos de gobernador en 36 estados de 50 y en 3 territorios (Guam, Islas Marianas del Norte e Islas Vírgenes). Los republicanos dominan el Congreso con mayoría en ambas cámaras legislativas, donde el presidente gobernó hasta ahora sin condicionamientos. Pero en EE.UU se anticipa que perderán esa supremacía. La pregunta es: ¿en qué porcentajes?
El declive de la extrema derecha representada en el magnate, arrastró también al propio sistema electoral que es cuestionado hasta por el propio Trump. No es la primera vez que lo hace cuando pierde o se ve acorralado y destapa denuncias de posibles fraudes. Lo hizo cuando le ganó Joe Biden por la presidencia en 2020 y lo insinuó en comentarios sobre los comicios de este martes 3.
Las predicciones de Pippa Norris, una presitigiosa polítóloga de Harvard, se cumplieron. Desde que Trump irrumpió en la política señala que sus prácticas “siembran confusión” y “socavan gravemente la confianza pública en el sistema democrático”.
Estados Unidos no sufre las consecuencias del descrédito electoral solo por un presidente imputado y condenado por distintos delitos y su estilo de matón planetario. En 2012 se creó el Proyecto de Integridad Electoral (EIP, por sus siglas en inglés) un trabajo de investigación independiente surgido desde las universidades de Harvard y Sídney, en Australia. Los resultados que arrojó fueron concluyentes: las elecciones estadounidenses eran las peores entre todas las democracias occidentales. Norris misma escribió un libro llamado “Por qué las elecciones estadounidenses son defectuosas (y cómo solucionarlas)” en 2017.
La IA también se transformó en una de las principales herramientas de desinformación electoral. Los videos generados con inteligencia artificial se convirtieron en un insumo nocivo. Una encuesta de la Universidad de San Diego, en California, publicada por Factchequeado, señala que el 76% de los estadounidenses está “preocupado porque los deepfakes de audio o videos engañosos creados con IA afecten las elecciones de medio término”.
Trump, camino a un fracaso político que solo falta determinar qué envergadura tendrá, apeló a varios ardides para ampliar el nucleo del electorado duro que lo sigue. Ofreció un millón de dólares a cada ciudadano que denuncie un fraude con pruebas y prometió 5 mil dólares a cada votante estadounidense si los republicanos ganan en las dos cámaras. Fiel a su estilo de lanzar propuestas insólitas desde su red social Truth, comentó: “Nuestro país está tan bien bajo el liderazgo republicano que solo yo puedo hacerles esta promesa”.
Si ganara el actual presidente – algo muy poco probable, según señalan casi todas las encuestas – se reafirmaría el perfil autoritario de su gobierno en los últimos dos años que le quedan por delante. Hay un segmento del electorado que puede ser clave para el retroceso del oficialismo. Unos 39 millones de latinos están en condiciones de votar y esos electores son los más jóvenes del padrón.
Según una encuesta que el Pew Research Center publicó el 16 de octubre, la agresiva política migratoria durante este segundo mandato de Trump, es lo que más les preocupa. Por encima de otras cuestiones como la economía, la salud, la educación y el futuro de la democracia en general.
Para el Decision Desk HQ (DDHQ), una organización independiente de EE.UU, fundada en 2012 y que se dedica a recopilar, analizar y proyectar resultados electorales en tiempo real, “los demócratas tienen un 80% de probabilidades de recuperar la Cámara de Representantes, tres puntos más que una semana antes. La misma medición les asigna un 60% de posibilidades de controlar el Senado, cuatro puntos por encima de su estimación anterior”.
Las encuestas sobre las elecciones en EE.UU pronostican la mayoría demócrata más amplia en la Cámara Baja desde 2009. Síntomas de que ese podría ser el desenlace aparecen en las esporádicas apariciones de Trump, en mitines políticos a los que no se sumó para cambiarlos por discursos virtuales, a su continuo destrato a periodistas que lo entrevistan, como uno al que le señaló su “aspecto repugnante” porque le preguntó si estaba cansado de viajar tanto, a la oposición que tomó la iniciativa en la campaña y a las movilizaciones “No king” de un pueblo harto de sus políticas.
Angie Nixon, candidata demócrata a la banca que liberó Marco Rubio cuando dejó el Senado para conducir el Departamento de Estado, aseguró que si es elegida buscará la abolición del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). La gestapo trumpista con que el régimen liderado por Trump, persigue, encarcela, deporta inmigrantes y que incluso, fue más allá. En enero pasado asesinó a dos ciudadanos de EE. .UU., como Renée Good, de 37 años, y Alex Jeffrey Pretti, de la misma edad, en Minneapolis. La política represiva del Partido Republicano rejuveneció el macartismo de la Guerra Fría.
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